II CORREDOR DE IDÉIAS - II CORREDOR DE LAS IDEAS

INTEGRAÇÃO E GLOBALIZAÇÃO

 

 

LOS COMTIANOS ARGENTINOS Y SU ROL EN LA RED DE CIRCULOS POSITIVISTAS SUDAMERICANOS.[1895-1902]

Daniel Omar De Lucia

 

Orden y progreso.

El positivismo fue la corriente de pensamiento que acompaño la acción de los intelectuales de los gobiernos de las oligarquias iberoamericanas en la segunda mitad del siglo XIX. El positivismo parecía ser el instrumento idóneo para acompañar el proceso de incorporación de los paises sudamericanos al concierto de las naciones avanzadas; así como para la integración de las clases subalternas en distintos procesos educativos, políticos e institucionales sin provocar ninguna quiebra en el orden social.

Pero los seguidores iberoamericanos de esta corriente también animaron la vida de núcleos autónomos e incluso críticos del orden conservador. En este trabajo analizaremos la labor de grupos positivistas doctrinarios formados por argentinos y peruanos residentes en la Argentina finisecular y su lectura de la realidad iberoamericana como utopia del progreso. Nos proponemos analizar también las relaciones entre los espacios positivistas en la Argentina y los Apostolados positivistas de Brasil y Chile, indagando sobre los puntos de convergencia y las lineas de fuga en sus análisis de la realidad política del sub-continente.

 

Exiliados peruanos en el Buenos Aires de fin de siglo.

 

La República del plata recibió con entusiasmo y con amoral paladín esforzado de la confraternidad humana en esta tierra de tolerancia y de progreso hubo de encontrar reposo el ilustre proscripto¨[Praxedes Muñoz; "Dos mártires del librepensamiento"]

En 1895 llegaron a Buenos Aires dos figuras qe impulsaron la cre ación de un núcleo de positivistas doctrinarios. Ellos eran la medica peruana Margarita Praxedes Muñoz, que había abandonado años atrás su país escapando de la persecución de los gobiernos ultramontanos y el francés Pedro Lacalde, que había vivido en Río de Janeiro y frecuentado la Iglesia positivista de río. Junto a la doctora Muñoz paso por Buenos Aires otro librepensador peruano exiliado el ex-gobernador de Iquitos y difusor de las ideas de Comte en el Perú, el Coronel José María Madueño. Estas visitas renovaban la tradición porteña de asilo a los proscriptos que huían de los gobiernos autoritarios de los paises vecinos. Muñoz se incorporo al medio masónico donde formo una logia femenina llamada "8 de marzo de 1895", que constituyo una avanzada feminista en el movimiento librepensador argentino.[1] En una conferencia de 1896 titulada "Dos mártires del librepensamiento", Muñoz reseño el derrotero de dos liberales chilenos [Francisco Bilbao y Eduardo de La Barra] que huyendo de la reacción conservadora se habían instalado en el Buenos Aires cismático de los años 50 y en la Buenos Aires de fin de siglo respectivamente.[2] Trabajo en donde la común condición de exiliados de los homenajeados y de la conferenciante se presta a un jugoso paralelo. En 1898 llego a la Argentina Mercedes Cabello de Carbonera, propagandista de la emancipación de la mujer y de la educación laica. Venia huyendo del califa Piérola, caudillo populista de las masas limeñas, y fue homenajeada por varias agrupaciones librepensadoras.La Revista Masónica publico su carta sobre la "Educación de la mujer", que le valió la expulsión del Perú.[3] También llego en esos día otra liberal peruana, la novelista Clorin da Matto de Turner que pronuncio en el Ateneo una conferencia sobre el trabajo intelectual de las mujeres en Sudamérica.[4]

 

Praxedes Muñoz y la utopia positivista

En 1898 Praxedes Muñoz comenzó a publicar La Filosofía Positiva, revista de vida efímera y que hoy es inhallable en las bibliotecas publicas argentinas. Esta publicación difundía las ideas de Augusto Comte a través de la reproducción de artículos de sus discípulos y fragmentos de las obras del propio Comte. La Filosofía Positiva busco formar un espacio intelectual y político, idea expuesta en el programa positivista que propuso la Dra. Muñoz en una conferencia en el centro socialista obrero: Separación de la iglesia y del estado. Modificación del art.6 de la constitución nacional, aboliendo la intervención de los Estados federales con fines políticos. Transformación del ejercito permanente en guardia nacional activa. Naturalización de los extranjeros. Limitación del voto a los ciudadanos que, por lo menos saben leer y escribir. Repartición equitativa de las tierras, según el proyecto de Rivadavia, de 1826. Inmigración espontanea.

Educación popular. Supresión del presupuesto oficial universitario. Estudios y enseñanzas libres. Establecimiento del librecambio. Abolición de todo proteccionismo interno y externo. Viabilidad telegráfica y férrea de la Pampa, Patagonia, Misiones, Chaco, y con las naciones circunvencinas. Expropiación de toda propiedad industrial del fisco. Fomento de la iniciativa individual en la industria,en el arte y en la ciencia - o concentración del capital material,moral e intelectual, en los capaces de explotarlo en bien de los demas.(5)

Esta publicacion expresaba el optimismo de un grupo intelectual que esperaba el fin del siglo como el adevenimiento de un milenio de paz y del reinado de la etica y del altruismo para todos los hombres. El rostro de positivismo que elegian Praxedes Muñoz y los demas colaboradores de la revista era el de la fe en la regeneración de la humanidad por obra de una elite del merito y la virtud. Consecuente con estos planteos La Filosofia... se pronuncio contra el belicismo reinante en ese momento [tensión entre Argentina y Chile] en un ensayo de acción común del progresismo porteño [librepensadores, socialistas, anarquistas] contra el creciente militarismo que pronto ensayaría su faz represiva de cara a los conflictos sociales internos.[6] De la misma manera La Filosofía... apoyo la iniciativa de grupos anti-clericales para presentar un masivo petitorio dirigido a la convención constituyente reunida ese año pidiendo la separación de la iglesia y el estado.[7] La pequeña revista denuncio la exoneración del Director de Escuelas de Tucumán, el positivista Maximio Victoria, cuya acción progresista en emprendimientos comunes con los socialistas tucumanos, despertó la iras del clero local.[8]

Una faceta interesante de destacar de esta publicación es que en sus paginas tenían cabida expresiones poco compatibles con la ortodoxia comtiana como, por ejemplo, la revalorización parcial de las corrientes espiritistas y teosóficas que gozaban de una difusión considerable en el medio porteño finisecular. El joven librepensador y futuro legislador socialista Alfredo palacios, de conocidas inclinaciones teosóficas, colaboro con dos cuentos ambientados en la antigüedad clásica, "Lentulo"[9] y "Shara"[10] en donde se exponía la doctrina de la integración del alma con el ser supremo. Otros artículos saludaban la aparición de una nueva revista teosófica y recordaban el periodo comtiano que la líder teosofa, Annie Besant, transito en su juventud.[11] Una nota firmada por Eva Angelina reflexionaba sobre el rol que podía cumplir el espiritualismo en la transición hacia una época en donde las doctrinas materialistas guiarían la senda del pensamiento humano. Sin embargo las escuelas espiritualistas se habían entregado a practicas de difícil comprobación científica [mediunidad, magnetologia] que la habían desacreditado ante los escépticos. Su punto fuerte era su sustento ético y moral:

... a mayor perfeccionamiento mayor sera la felicidad dequedisfrute [el hombre] habitando regiones desconocidas.Nos remonta [el espiritualismo] al espacio, nos hace levantar la vista de esta aterradora podredumbre que nos rodea y nos hace divagar en esferas celestiales y purisimas donde la imaginación cree encontrar la felicidad del alma.[12]

El fondo común de estas particulares convergencias era la fe cientificista y el tono éticista que animaba por igual a los discípulos de Comte y a las corrientes espiritualistas; hecho que les permitió convivir en común espacio de la sub-cultura librepensadora del Buenos Aires de fin de siglo. Convivencia no exenta de ásperas polémicas como podemos apreciar en las conferencias criticas del positivismo que la revista espiritista Constancia publico en esos años.[13] Ese pensamiento cientificista se manifestaba en la vocación de los librepensadores por las campañas destinadas a cambiar los hábitos de las personas a través de la propaganda constante [anti-alcoholismo, anti-tabaquismo, vegetarianismo, esperantismo, etc] Esta ingenua fe en la modificación masiva y radical de las conductas cotidianas era compartida por los redactores de La Filosofía... que publicaba por entregas "novelas sociológicas" para difundir principios filosóficos y educativos entre las masas.[14] Praxedes Muñoz era autora de la novela sociológica La Evolución de Paulina, obra de su etapa peruana, reeditada en 1898 en Buenos Aires.[15] Insertos en esta atmosfera optimista del fin de siglo los discípulos porteños de Comte profesaban una ingenua fe en un futuro del que se tenía la certeza que era mejor que el presente:

...sabe que el progreso es una ley ineludible de la especie humana y que, si bien puede este retardarse unas veces y apresurarse otras, tales alternativas bien pocos minutos marcan en el reloj del tiempo, recobrando al fin su nivel como la superficie de las aguas tranquilas cuando desaparece la tormenta.[16]

Positivismo y socialismo

En momentos en que los conflictos sindicales comenzaban a incorporarse a la cotidianeidad porteña los redactores de La Filosofía... no rehuían el dialogo o el debate con la corriente socialista. A fines de 1895 el francés Lacalde envío una carta a la La Vanguardia, órgano del todavía embrionario partido socialista, en donde le adjudicaba a esta corriente una importante tarea en momentos de la disolución del "régimen católico feudal". Esta tarea era la incorporación del proletariado a la vida moderna. Lacalde prometía enviarles impresos que recibía de los apostolados positivistas de Río de Janeiro y Santiago de Chile y señalaba las diferencias entre las dos escuelas:

Aunque mis opiniones, esto es la opinión positivista seamuy diferente de la del socialismo contemporáneo por lo que toca a las grandes instituciones de la humanidad, familia, patria, propiedad, gobierno, herencia, sacerdocio, religión, no por eso debemos los positivistas dejar de aclarar las grandes cuestiones que se resumen con este titulo: "La cuestión Social"[17]

El órgano socialista comento la carta de Lacalde adjuntando una breve biografía de Augusto Comte. Le atribuían al filosofo francés una aguda intuición de la crisis de su época, en base a la cual elaboro su esquema de los estadios de la evolución del pensamiento humano [teológico-metafísico-positivo] que desembocaría en una era en que la humanidad seria orientada por la aplicación de criterios científicos. El comentario socialista colocaba en el debe del pensamiento de Comte una tendencia a analizar los problemas sociales desde una perspectiva intelectualista que lo llevo a adoptar criterios reaccionarios frente a la lucha de clases y la religión. En un comentario un tanto socarrón La Vanguardia explicaba a través de un ejemplo tomado del medio social porteño los tres estadios de Comte:

Entre los obreros de Buenos Aires los discípulos del padre Grotte están todavía en su periodo teológico, los radicales y los anarquistas de buena fe están en el metafísico, y los socialistas conscientes han llegado a la madurez del juicio del estadio positivo.[18]

La Filosofía Positiva puso especial acento en la incorporación de la mujer a la vida moderna y el trabajo social con la masa obrera, a la que se quería alfabetizar y dotar de una cultura acorde con los tiempos que corrían. Esta mirada "redentorista" sobre los problemas sociales era hija de una concepción elitista del socialismo adoptada por muchos grupos radicales de la pequeña burguesía intelectual de Europa y América.[19] Este esquema era completamente opuesto al adoptado por los partidos socialistas que veían en la clase obrera el sujeto de las trasformaciones sociales. Una carta enviada por el positivista francés Paul Ritti a la doctora Muñoz exponía la teoría de la alianza entre filósofos y proletarios y de la concentración del capital en manos de los que podían utilizarlos em beneficio del conjunto de la sociedad. Ritti decía que los positivistas debían convencer a la Burguesía que el sistema de Comte era la única valla contra el socialismo rojo.[20] Estos debates tenían mucho interés para la inteligencia laicista de la Argentina del 90 donde la crisis de consenso del régimen permitía pensar en un nuevo equilibrio político.

1898: El momento iberoamericano en clave positivista

La breve existencia de la revista La Filosofía Positiva coincidió con un momento muy especial para Hispanoamérica. La guerra hispano-cubana y la tensión bélica entre la Argentina y Chile ueron los dos procesos que conmovieron la opinión publica porteña en el crucial año de 1898. Otro evento de proyección latinoamericana tuvo por sede a Buenos Aires ese año y contó con el aporte de hombres provenientes del medio positivista. La Sociedad Científica Argentina organizo el Congreso Científico latinoamericano que se reunió en abril de 1898 en Buenos Aires. En el campo de las ciencias sociales se aprobó una moción instando a los gobiernos iberoamericanos a preservar el patrimonio arqueológico y etnográfico de su apropiación por los centros de estudios de los paises avanzados.[21] En el plano político se voto esta declaración:

1.Los pueblos americanos de origen español deben unirse,formando una sola confederación, tanto por que este es el medio de evitar los peligros de que están amenazados en un porvenir cercano, cuanto porque la unión es un medio de evitar reyertas entre si por la división del patrimonio.

2. El título del congreso científico latino americano debería ser científico iberoamericano[22]

Esta orientación americanista estaba presente en la convocatoria a las instituciones científicas nacionales y de las naciones hermanas. La enviada al museo de la provincia de Corrientes fue reproducida en el órgano de los positivistas de esa provincia, La Escuela positiva, y expresaba los siguientes conceptos:

La vecindad geográfica, el parentesco de sangre, la identidad de idioma, la similitud de organización política, la analogía de composición en la estructura del cuerpo social, la unidad de cultura, la comunidad de intereses de aspiraciones y de ideales hacen de las Repúblicas latinas de América un mundo aparte, una familia distinta en la comunidad internacional; familia cuyos miembros por motivos fáciles de explicar como dignos de ser lamentados, han permanecido hasta el presente en un aislamiento intelectual casi absoluto.[23]

El director del Museo Corrientes y pionero en la difusión del ideario de Comte en la Argentina, Pedro Scalabrini, presento a este Congreso un trabajo sobre la población indígena oponiéndose a las tendencias racistas predominantes en la antropología de la época.[24] En su contestación a la invitación de la SCA, Scalabrini recalco su interés por rescatar a la población aborigen y mestiza tan maltratada por los observadores científicos:

Mi propósito es rehabilitarlos en su justa medida al establecer la igualdad psíquica de la raza humana por medio de la palabra que exterioriza los sentimientos, pensamientos y actos de su vida individual y colectiva.[25]

La guerra por la independencia de Cuba se vio reflejada en las paginas de la revista de la doctora Muñoz en donde dio pie a una interesante polémica entre el positivista chileno Juan Enrique Lagarrigue y el joven socialista José Ingenieros. El escricritor chileno analizo el conflicto entre España y Estados Unidos en un artículo titulado "Las Cuestiones internacionales frente al positivismo", que La Filosofía Positiva comenzó a reproducir en el numero anterior a su desaparición. Este trabajo nos permite conocer la opinión de los positivistas sobre el problema de la guerra en la éra de la paz armada y la consolidación del orden neocolonial. Según Lagarrigue España no comprendió la "ley sociológica ineludible" que conducía a las colonias a constituirse en naciones libres como consecuencia lógica de su evolución. Respecto a Estados Unidos arrojaba sospechas de que en su intervención en Cuba "no se ha movido por amor a la humanidad". Alertaba sobre la posibilidad de anexión de Cuba por los norteamericanos acto tan retrogrado como la negativa española a conceder la independencia. Para Lagarrigue la guerra era un recurso bárbaro que conspiraba contra la integración de la humanidad que el progreso volvía inevitable.

En lo concerniente a Latinoamérica el liberal chileno repudiaba las intromisiones de las metrópolis -antiguas y nuevas- porqué el grado de consolidación y evolución de estas naciones les permitía aspirar a ser miembros de pleno derecho de la civilización moderna. Esta visión evolucionista de la superación de las situaciones coloniales sin rupturas violentas contempla algunas novedades respecto a sus versiones mas pedestres. El chileno no suscribía los severos juicios que otros correligionarios suyos dejaron caer sobre España considerada como reducto del oscurantismo y madre de las lacras que condenaron a sus ex-colonias al atraso. La derrota española podía marcar el inicio de la renovación de esa sociedad:

Libre España de sus colonias, en vez de perder, ganaría, puesto que así podría consagrar de lleno su energía vital á su regeneración interna, para convertirse en un gran pueblo altruista y cooperar decididamente con el triunfo de la virtud y la felicidad, sobre el planeta que habitamos.[26]

El joven Ingenieros le respondió con un artículo sobre "Las cuestiones internacionales ante el positivismo y el socialismo".

En esta nota señalo que la actitud de España y de Estados Unidos en la guerra, debe considerarse dentro de la evolución interna de estos paises. Si España no comprendió la necesidad de independizar a sus dominios se debió a su atraso estructural como sociedad. El joven socialista proponía incorporar a este análisis el materialismo histórico y colocar la guerra en el debe del capitalismo que ya no ofrecía nada bueno a la humanidad:

Noble es, pues, combatir la guerra, porque es el más maligno de los canceres de la sociedad; pero no basta. Es necesario también constatar sin escrúpulos que la presente rganización social es su única causa cuando se produce entre paises civilizados.[27]

Las paginas de la Filosofía positiva fueron vehículo de un intento de balance del medio político e intelectual sudamericano de fines de siglo. En su calidad de exiliada la Dra. Muñoz se ocupo en su revista de los problemas políticos peruanos. Es interesante su reivindicación del Coronel Mariano José Madueño, ex-gobernador de Iquitos depuesto por el gobierno de Piérola por su resistencia al centralismo.[28] Desde su exilio español, luego de una breve étapa argentina, Madueño envio una carta a La Filosofía... en donde trazo un panorama del medio republicano y liberal español.[29] Este político peruano volvió a Buenos Aires en 1906, en calidad de delegado de España a el Congreso Internacional del Librepensamiento realizado ese año en la capital argentitina.[30] En un debate epistolar entre Muñoz y Madueño, en 1895-1896, se puede apreciar la mezcla de utopismo y elitismo presente en los grupos comtianos doctrinarios. El ex-gobernador de Iquitos hacia una defensa del parlamentarismo en América latina frente a las dictaduras personalistas. Muñoz le contesto señalan do que los parlamentos en Iberoamérica habían sido un arma de la reacción que los uso para agitar a la masa ignorante y derrocar gobiernos progresistas. La doctora peruana se pronunciaba a favor de la "dictadura vitalicia", expuesta por Comte en sus escritos, como la forma de gobierno mas adecuada para Latinoamérica. Pero esta defensa de un sistema de gobierno autoritario remite a las aristas mas utópicas del positivismo doctrinario:

Tengamos también en cuenta que este sistema solo podría tener feliz éxito en una sociedad organizada según el régimen positivista en que los ciudadanos recibiesen educación positiva que desarrolla á la vez el corazón, la inteligencia y el carácter; en que el dictador no tendría los medios de transformarse en tirano pues que carecería del ejercito para imponer su autoridad[...]Las funciones de la autoridad civil quedarían sumamentereducidas en el régimen positivo. Tan solo se limitarían a la administración de las rentas nacionales y a la conservación del orden publico. Un verdadero inmenso poder surgiría entonces y la soberanía popular no seria, como hoy, un irrisorio mito.[31]

Otras lecturas positivistas latinoamericanas prescribían la necesidad de gobiernos resguardados de las presiones populares, para modernizar la sociedad. Pero mientras los intelectuales que formaban parte de los equipos gubernamentales ubicaban la necesidad de régimenes cesaristas en el presente como una etapa preparatoria de una futura democracia plena; la Doctora Muñoz proyectaba esa necesidad hacia el futuro en el marco de una sociedad organizada de acuerdo a los principios positivistas. Esta defensa de los gobiernos fuertes y centralizados se oponía por el vértice a la hecha, por ejemplo, por los positivistas mexicanos admiradores de Porfirio Díaz; por el apostolado positivista brasileño o por los defensores del "Unicato" en la Argentina. En la América Latina finisecular el grado de doctrinarismo de un grupo era inversamente proporcional a su relación orgánica con el poder. En una segunda carta de la Doctora Muñoz al Cnel Madueño; nuestra autora trazaba un panorama del Perú bajo el gobierno de Piérola. Denunciaba la represión a la oposición en las provincias amazónicas y los ataques de una turba clerical contra la Universidad de Cuzco, bastión del laicismo peruano. La medica limeña se pronuncia a favor del fortalecer las autonomías provinciales para defender a los gobiernos progresistas locales de los atropellos de las dictaduras apoyadas por las regiones mas atrasadas de cada país.[32] En este folleto la discipula de Comte acuso una cierta desviación de su pacifismo doctrinario en pasajes en donde atribuía la derrota peruana en la guerra de 1879 a la falta de patriotismo de la oligarquia peruana:

La ambición personal ahogó la noción del deber. Si los hombres de Montan hubieran tenido el altruismo de San Martin o de Bolívar, el Perú habría reproducido la heroica resistencia paraguaya, y el pacto de Ancón, esa humillante bofetada del invasor, no enrojecería nuestras mejillas(33]

En uno de los números de su revista Doña Margarita paso revista a la acción de los núcleos positivistas de Sudamérica. Luego de referirse al apostolado positivista de Río de Janeiro y sus inspiradores Lemos y Texeire Mendez y de mencionar la labor de los comtianos uruguayos; describe el grupo chileno que conoció al comienzo de su exilio pasado en ese país. Los líderes del positivismo chileno eran Juan Enrique Lagarrigue y sus hermanos que en su casa particular instalaron un templo para dar conferencias sobre la doctrina de Comte. Pertenecían al circulo los Dres. Lattaste y Benavente y el diputado Guillermo Puelma Tupper:

Cada día, un escogido auditorio, compuesto de médicos, servidores de la nación y comerciantes acude á oir el evangelio del futuro, saliendo siempre con nueva fe en el alma y más segura esperanza en la regeneración humana:

Tales son las reminiscencias que me han dado de la iglesia positivista chilena.[34]

Respecto a la Argentina mencionaba la labor de Maximio Victoria en Tucumán, quien durante su gestión a cargo de la educación provincial formo un núcleo de discípulos de Comte entre el magisterio y la de su discipulo Ramón Carrillo que estaba consolidando otro núcleo entre los maestros santiagueños. Sin olvidarse de los correligionarios de Parana en donde las enseñanzas de Comte eran difundidas en la escuela normal, Muñoz comentaba la obra de los positivistas de Corrientes donde desde la llegada de J.A. Ferreira a la Dirección de Escuelas la política educativa había sido confiada a pedagogos comtianos:

Muy diferente de los positivistas chilenos que al adherirse á la nueva iglesia renuncian al ejercicio de todos los derechos del ciudadano, el propagandista argentino quiere que el positivismo se naturalice en esta gran nación, y deplora que no haya en cada provincia argentina un periódico para hacerlo conocer.[35]

El Positivismo brasileño visto por un argentino

Esta interés por analizar la acción de los núcleos positivistas de los paises vecinos, incluyo también a intelectuales mas ligados a la situación política dominante en la Argentina en la ultima década del siglo XIX. Es el caso del diplomático y jurisconsulto argentino Martín Garcia Merou y su libro El Brasil intelectual [1900]. Esta obra nos brinda un panorama completo de la vida intelectual del Brasil finisecular junto a un balance de la vida política del primer decenio de vida republicana en ese país. El libro de Garcia Merou tenía como objetivo encontrar al-

gunas respuestas a los problemas que acompañaban a la consolidación de los estados criollos a fin de siglo. En este orden se inscribe la mirada de los grupos positivistas brasileños en el proceso que desemboco en la caída del imperio, la abolición de la esclavitud y la entronización de una república autoritaria en el país vecino.

Garcia Merou consulto distintos autores brasileños que le atribuían a la influencia de la Iglesia Positivista, dirigida por los filósofos Lemos y Texeire Mendes un protagonismo muy fuerte en la revolución que derrumbo al orden imperial y en la instalación de la República con sus secuelas represivas hacia las tintas formas de disidencia. Garcia Merou cita un folleto del autor

Eduardo Prado en donde se atribuye a los comtianos un papel instigador en la sangrienta represión al levantamiento de 1893:

"Ella [la iglesia positivista] regulo el pabellón republicano, ella de interpretaciones legales y religiosas á los actos de Gobierno, en los editoriales del Diario Oficial. El clero numeroso y el pequeño número de fieles de la nueva religión oficial dirigieron un mensaje al dictador Deodoro de Fonseca, elogiaronle la violencia, pidieronle que no tuviese miedo de ser déspota, sugiríeronle que no hiciese caso de elecciones ni de representación nacional..."[36]

El liberal argentino continúa citando a otros analistas brasileños como Silvio Romero y A. Carvhalo que atribuyen al positivismo el mismo papel nefasto. Comienzan reseñando la trayectoria de esta corriente desde que se infiltro en las academias castrenses del imperio de la mano del filosofo francés Benjamín Constant, mentor del núcleo de militares jacobinos que derroco al imperio y entronizó una republica autoritaria en la cual los positivistas se convirtieron en una clerecía intolerante. Garcia Merou proponia pasar por un filtro crítico esta versión de las relaciones entre el comtismo brasileño y el poder republicano. Para el autor de Brasil intelectual las posiciones excesivamente doctrinaristas como la de los positivistas brasileños no son funcionales a las necesidades de los equipos gubernamentales criollos. Por el mismo motivo se muestra escéptico a creer que su influencia en el espiritu de los gobernantes brasileños autorice a hacerles responsables de los aspectos mas revulsivos de la vía política de ese país:

"Ni Lopez, ni Oribe leyeron seguramente a Comte, y cualquiera de ellos, como nuestro famoso Cuitiño, puede mostrar en su activo algunas, aunque no tantas de las hazañas sangrientas que hicieron celebre al Coronel Moreira Cesar, una de las personificaciones más caracterizadas del verdugo político, que puede enseñar las historias de nuestras pobres naciones americanas. La propaganda positivista la de los señores Lemos y Texeira Mendes en el Brasil, como a del señor Lagarrigue en Chile, me pareció siempre inofensiva y excesivamente lírica."[37]

Garcia Merou cita una serie de iniciativas de los "Apóstoles" brasileños que ponn en evidencia su excesivo doctrinarismo.[Sugerencias al congreso de no definir a la nación como "perpetua e indivisible" ya que la integración del mundo haría desaparecer los estados, repudio a los homenajes y recordatorios de las guerras pasadas, etc] Para el diplomático argentino la influencia del positivismo comtiano en la formación del Brasil moderno se limitó a dotar de una doctrina optimista y galvanizadora a la vanguardia que derroco al viejo orden y que solo creyó en ella durante el anti-histórico momento de euforia que acompaña a todas las revoluciones. Garcia Merou se apoya en el análisis que el brasileño José Verissimo hizo de la influencia positivista en un artículo de la Revista Brasilera.[38] Por este camino García Merou constata que el declinar de la figura de Comte era acompañado de una creciente influencia del pensamiento spenceriano en en Brasil. Según Jose Verissimo la doctrina de Spencer es mas flexible y ofrece mas soluciones a los problemas de la sociedad civil y el estado que la escuela de Comte:

"Elspencerista ó evolucionista puede ser en política republicano o monárquico, en religión por lo menos ateo y deísta, en arte, idealista, realista, naturalista o simbolista, en ciencia quedar en Darwin o en Haeckel; puede ser partidario o enemigo del divorcio, favorable ú hostil al librecambio, al presidencialismo, al café, al alcohol, a las comidas pimentadas. El positivista, no; el mismo dogma que le determina una convicción científica, le da un criterio moral y artístico y le reglamenta la familia, la mesa, la actividad política, económica y hasta sexual."[39]

Esta preocupación por una actitud mas mediatizada en la búsqueda de esquemas para volcarlos a la elaboración de políticas para las repúblicas criollas es compartida por Garcia Merou y varios de los analistas brasileños que toma como fuente. Para la oligarquía brasileña que se ha consolidado en su hegemonía luego de los rimeros años violentos de la república el evolucionismo spenceriano parecía ser un mejor instrumento que la densa y utopica sintesis de Comte. Al igual que en el México del porfiriato con su oligarquia "científica" la Republica Vhela cambio a Comte por Spencer como guía en su senda en pos del orden y el progreso.[40]

Garcia Merou comenta la obra del spenceriano Assis Brasil sobre el sistema institucional brasileño. Su libro Democracia Representativa había sido traducido al castellano por Bartolome de Vedia y Mitre y gozado de cierta difusión en el medio académico político argentino. Assis Brasil diagnosticaba como el mejor sistema político para su país un cuerpo de electores alfabetizados, una organización federativa atemperado y un poder ejecutivo fuerte para galvanizar al estado frente a todo tipo de presión que lo amenazare.[41] Los últimos capítulos de Brasil intelectual estan dedicados a reseñar la obra de un escritor mas crítico del proceso republicano en el Brasil, como Nabuco Araujo. Garcia Merou comenta su alegato contra la intervención extranjera en lospaises americanos [intervención naval yanqui en apoyo del gobierno brasileño en 1893] y su biografía del malogrado presidente chileno Balmaceda, muerto durante la crisis que puso fin a la continuidad constitucional de ese país.[42] El libro se cierra con una semblanza del presidente Campos Salles y su lucha por fortalecer el régimen presidencialista en el Brasil.[43]

El interés de Garcia Merou por los problemas de la consolidación del orden republicano en el Brasil esta dictado por la necesidad de un balance del sistema político argentino. La Republica conservadora venía siendo agitada por distintas impugnaciones en el plano político y social desde la crísis del 90. La discusión sobre los levantamientos cívicos y militares, la relación con las potencias extranjeras y la estabilización de un sistema político a resguardo de las presiones populares eran temas que estaban en la agenda de los equipos gubernamentales argentinos en tiempos de las revoluciones protagonizadas por la Unión Cívica,[44] la explosión de la "cuestión social" y el replanteo de las cuestiones continentales ante el expansionismo norteamericano.

Una experiencia de "política positiva" en los esteros mesopotamicos.

Las naciones científico-industriales se han puesto, pues, al frente de la Humanidad, desplazando á las naciones de predominio sentimental[Ferreira, J.A.; "Evolución y educación religiosa"] En la ciudad de Corrientes un núcleo de educadores positivistas había ocupado un espacio de poder en el seno del gobierno provincial. Desde fines de la década del 70' el magisterio de la provincia, al igual que el de la vecina Entre Ríos, venia tomando contacto con las ideas de Comte y Spencer impartidas por los profesores de las escuelas normales. En los años 80' por iniciativa de los vecinos del lugar se creo la Escuela popular de Esquina que fue organizada de acuerdo con los criterios educativos positivistas y que sirvió de modelo a otros establecimientos de la provincia. Luego de la revolución radical de 1893 los cívicos correntinos, de raigambre mitrista, ocuparon el gobierno. El libro publicado por el director de la Escuela popular de Esquina, historiando la labor de ese establecimiento fecha a la revolución del 93 como la transición del "periodo metafísico al periodo positivo" en la política local.[45] El gobernador Virasoro confio la educación popular a los comteanos correntinos. Ellos eran J.A. Ferreira [Director General de Escuelas], Angel Bassi [Director de la Escuela experimental de Esquina], Pedro Scalabrini, [Director del Museo de Corrientes] y Manuel Bermudez [Secretario del consejo escolar provincial] que dirigió el órgano de los positivistas locales: La Escuela Positiva. Esta revista traía entre sus paginas numerosos artículos dedicados a la flora, la fauna y la topografía correntina. Reproducía proyectos de construcción de ferrocarriles de trocha angosta, ensayos de colonias agrícolas, informes de inspectores escolares, tablas y estadísticas sobre la inmigración y retrospectivas sobre la historia provincial. Si los adelantos tecnológicos y científicos garantizaban un futuro mejor los redactores de La Escuela Positiva querían ensayarlos todos sobre el campo de batalla provincial. Este ntento de modernización de algunas ramas del estado en una provincia oligárquica y tradicional es una muestra de como los proyectos de los intelectuales positivistas podían articulaban bastante bien con un poder político poco afecto a los cambios sociales.

Con fuerte tendencia doctrinaria, este órgano oficioso de la política educativa correntina, dedico un espacio considerable a la difusión del ideario de Comte y de Spencer reproduciendo material inédito o poco conocido de los popes positivistas y sus acólitos. Atestigua el intercambio de ideas y materiales con los positivistas brasileños la reproducción de una carta de Comte sobre las escuelas frobelianas tomado del Boletín del apostolado positivista de Brasil [46] y la inclusión de una nota de la Revista Pedagógica de Río de Janeiro en donde se mencionaba a la educación correntina como un modelo en el contexto argentino.[47] La Escuela... no fue indiferente a los problemas fronterizos entre Argentina y Chile. Un artículo de Ferreira titulado "La Paz Sudaméricana" retomaba la linea positivista que denunciaba la guerra como anacrónica e incompatible con la evolución de la sociedad moderna. En Ferreira encontramos una visión marcadamente eurocentrista de la relación entre naciones que absolvía a la vieja Europa de la política de pax armada que imperaba en esos años:

Los pueblos europeos que representan actualmente la civilización occidental, se encuentran en el segundo estado evolutivo de la paz a la guerra; se amparan de ésta para asegurar aquella: si vis pascem, para bellum. Los ejércitos prontos á hacer fuego garanten la paz, cada vez alterada con más largos intervalos.[48]

Los redactores de la Escuela Positiva no rehuían el debate con las corrientes radicalizadas que hacían su aparición en el país. Dos artículos de José Ingenieros sobre el conflicto con Chile ["Guerra y militarismo. Una Enquete"][49] y sobre un esquema marxistizante de la evolución de las sociedades ["Los sistemas de producción en la evolución de las sociedades humanas. Génesis económica del socialismo"][50] atestiguan una mano tendida a la siniestra. Otra nota reseña los logros en materia de servicios y educación el municipio socialista de la ciudad francesa de Lille.[51] En una serie de artículos titulado "Educación y socialismo" Manuel Bermudez resaltaba la necesidad de adaptar la educación al medio social y reconocía que el limitacionismo clasista ocasionaba la mayoría de los fracasos escolares impidiendo el progreso de los mas aptos llamados a ser la elite de una nueva sociedad.[52] Como se ve la invocación a una lectura socialista de los problemas de la educación se da la mano con una concepción elitista del sujeto educativo. Estas notas merecieron un comentario elogioso de La Vanguardia que invito a Bermudez a reconocer que la abolición del capitalismo era la única solución a los males que señalaba.[53] Desde otro ángulo esta revista publico trabajos de positivistas europeos críticos de las corrientes socialistas.Entre ellos un comentario de G. Audrifent a una novela sociológica de Paul Ritti en donde imaginaba una sociedad dominada por masas obreras, con un gobierno violento y regresivo [54] y un artículo de P. Allex, "El positivismo y el derecho", en donde se justificaba la dictadura de Napoleón III como freno al socialismo y se describía a la Comuna como el gobierno de la turba furiosa.[55]

Las polémicas de los positivistas correntinos con los socialistas traen a colación la revalorización de la religión llevada a cabo por el positivismo. Si bien el grupo redactor de La Escuela Positiva defendía el modelo laicista de la gestión de la educación se separaba del resto del librepensamiento argentino al no compartir el anti-clericalismo enrage, de las distintas capillas librepensadoras del Buenos Aires finisecular. Ferreira que en 1899 renuncio al cargo de inspector de escuelas a nivel nacional en desacuerdo con la política del Ministro Mañagsco, a la que juzgaba pro-clerical, era partidario de revalorizar el catolicismo en sus aspectos éticos, como lo pedía Comte en sus obras de madurez. En 1897 un artículo suyo reivindicaba elementos religiosos para la formación moral.[hagiografías, moral religiosa y laica, etc.][56] El líder socialista Juan B. Justo respondió a Ferreira desde La Vanguardia propugnando la exclusión total de la religión en la escuela, a la que veía como un forma de inculculcar en los niños la solidaridad acrítica con el orden social.(57] En 1902 Ferreira se ocupo de este tema en una conferencia que pronuncio en la ciudad de Mercedes ["Evolución y educación religiosa"]. Ferreira compartió el escenario del teatro de la ciudad con el medico socialista Augusto Bunge que hablo sobre las proyecciones sociales del alcoholismo. Ambos disertantes hablaron ante un auditorio progresista característico de un centro normalista y pueblo de inmigrantes como Mercedes.[58]

Ferreira analizo la historia de las religiones y su incidencia en la historia de la humanidad siguiendo el esquema expuesto por Comte en el Catecismo Positivista. Creía que cada uno de los sistemas religiosos habían cumplido un rol en su tiempo [fetiquismo, politeísmo, monoteísmo]. El catolicismo marco una etapa importante de la historia al humanizar el monoteísmo judío y crear una doctrina de fuerte contenido moral y con aspiraciones universalistas. Durante la revolución científica y política que preparo el advenimiento del mundo moderno la iglesia tomo una actitud hostil e intolerante hacia los cambios que se producían. La sociedad moderna nació bajo el signo del espíritu anti-religioso que marco la era del predominio "científico industrial". Según Ferreira en el futuro se asistiría a una renacimiento de la fe mediante el culto, no a un dios personal sino a la humanidad convertida en nueva deidad, objeto de una veneración base de la moral del futuro. La reconciliación de la ciencia y la fe, era buscada por Ferreira como garantía de que los cambios sociales no se realizaran sin el magisterio moral que aseguraba el orden contra el caos. En una carta de felicitaciones Juan E. Lagarrigue comentaba esta defensa de la religión:

Me parece que con esta conferencia ha tratado ud. de hechar un puente sobre un hondo abismo para facilitar la entrada en la Religión de la Humanidad. Su apreciación del fetiquismo, que es uno de los puntos más difíciles, la considero muy bien hecha y al alcance de todo el mundo.Con no menos valentía que habilidad, ha defendido también ud. históricamente al catolicismo. En fin, su trabajo es,´á mi juicio, un testimonio evidente de sus aptitudes para el apostolado de la santa causa.[59]

 

A manera de balance

Los exiliados peruanos veían en la Argentina finisecular la nación del sub-continente que más había avanzado en la superación de la herencia colonial. Los intelectuales de las repúblicas andinas - autoritarias y clericales - miraban a la Argentina como el santuario al que los cambios políticos de sus paises obligaba a buscar. El circulo de la Filosofía Positiva se caracterizaba por su papel autónomo, e incluso crítico, de la situación política dominante. Su utopia positivista combinaba elementos eurocentricos con un intento de reafirmar la identidad cultural iberoamericana.

En épocas de consolidación de los estados nacionales las oligarquias criollas aspiraban a crear un marco mas solido para las relaciones entre las naciones semi-coloniales y las potencias imperialistas. La tesis positivista sobre la integración y homogenización creciente del mundo se daba de la mano con la aspiración de los gobiernos criollos de solucionar pacíficamente los problemas limítrofes y afirmar la soberanía sobre su espacio nacional. Esta idea estaba presente en los foros científicos donde los cuadros intelectuales de los estados iberoamericanos se pronunciaban por la integración regional. Junto a este integracionismo de los científicos-funcionarios, supeditado a las estrategias de sus gobiernos, encontramos el pacifismo intransigente de los positivistas doctrinarios opositores a la guerra en cualquier circunstancia.[60]

Mas allá de su articulación con proyectos políticos y espacios de poder bien concretos; el positivismo y su cuerpo doctrinal presentaban proyecciones utópicas que se manifestaban en una concepción elitista de los problemas sociales y en la transmutación de la obra de Comte en una síntesis religiosa destinada a guiar a la humanidad en una nueva era. Esta utopia positivista se insertaba, con un perfil propio, en la sub-cultura librepensadora Argentina del 900 con la que compartía algunas ideas centratrales: a] laicismo; b] cientificismo; c] los intelectuales como sujeto político y social. Esta corriente reformista partía aguas con el reformismo de izquierda que veía el sujeto de los cambios sociales en la clase obrera. En su versión positivista, al igual que la de otros grupos librepensadores, no se temía la comparaparación por analogía de su doctrina con el socialismo. Un socialismo que planteaba la redención de la humanidad por obra de la ciencia y sus agentes. El grupo de La Filosofía Positiva ponía el acento en un cambio ético unido a la acción de la ciencia. La revista correntina creía en la acción de la educación y la ciencia de donde nacería una nueva moral. El conjunto de los espacios positivistas analizados en este articulo compartían ciertos rasgos elitistas en su mirada sobre el mundo de las clases subalternas y en sus apreciaciones sobre el rol del pueblo como sujeto del proceso político en el sub-continente.

Aplicados a la elaboración de problemas políticos concretos los esquemas positivistas constituían las lineas de dispersión de las estrategias discursivas de distintos actores sociales de la realidad iberoamericana. El grado de doctrinarismo o de pragmatismo con que eran apropiados son la piedra de toque que nos permite situar correctamente el significado político de estos discursos. La necesidad de los gobiernos presidencialistas y centralizados en el futuro que señalaba Margarita Praxedes Muñoz y la defensa del muy real y concreto presidencialismo de la Republica Vhela que hacían los informantes de Garcia Merou marcan la frontera entre el elitismo utopista de los comtianos doctrinarios y el elitismo justificador de los régimenes cesaristas de los intelectuales de los equipos de gobierno de las repúblicas conservadoras.

Dentro de la red de grupos anti-clericales de la Argentina finisecular, los núcleos positivistas que estamos estudiando se caracterizaban por defender el esquema laicista en la gestión educativa y cultural, aunque no compartían el anti-clericalismo rabioso de otras capillas librepensadoras. La revalorización de la religión por parte de Comte jugo un papel en todo esto. Toda una serie de corrientes que compartían la idea de la secularización de la sociedad se retrajeron hacia fines de siglo frente a las consecuencias de los postulados radicales del laicismo. En un mundo cada vez más conflictivo la idea de que cierto magisterio ético debía ser ejercido sobre las "clases peligrosas" gano terreno en una serie de grupos creyentes en la idea del progreso indefinido. Una "moral laica" para llenar el vacio dejado por la secularización de la sociedad y reintroducir la dimensión religiosa en el pensamiento liberal. Si la construcción religiosa de Comte resulto fuera de lugar en la era de las revoluciones románticas; la generación que vio la Comuna y la consolidación de una república burguesa sobre la derrota de los trabajadores; revalorizo la reconciliación del espíritu positivo con la fe. En la Argentina el uso de las formas religiosas como elemento de control social había sido contemplada por los laicistas del ochenta.[61] Estas ideas alcanzaron distinta dimensión en los dos grupos que estudiamos. El dialogo con las doctrinas espiritualistas que planteaba La Filosofía Positiva no era nuevo en el medio librepensador criollo donde convivían espiritistas, teósofos, y masones deístas. La reivindicación que hace Ferreira del catolicismo si marca una ruptura y coloca al pedagogo correntino convergiendo parcialmente con las tendencias que ganaban terreno en la cima del poder oligárquico: el acercamiento iglesia/estado funcional a un reforzamiento de la hegemonía ideológica en una sociedad cada vez más conflictiva. Es tiempo de someter a un examen crítico para su mejor evaluación la tesis de Ricaurte Soler sobre el positivismo argentino y su ausencia de tendencias orientadas a la reconciliación con la fe. Otra de las tesis de Soler sigue viéndose confirmada a medida que se profundizan los estudios: no todos los positivistas constituían una falange unificada en la defensa del orden establecido.[62] Esperamos que este análisis del poco conocido grupo de La Filosofía Positiva haya aportado elementos al respecto.[63]

Notas

1.Revista Masónica; 5/11/1896. Ver: De Lucia, Daniel Omar; "El movimiento librepensador y la cuestión femenina.[1895-1920]" en Desmemoria; N 16; octubre-diciembre de 1997; pgs. 105-120.

2. Praxedes Muñoz, Margarita; Dos mártires del librepensato; Bs. As., Imp. La Elzeveriana, 1896.

3.Revista Masónica; 5/3/1898.

4. Matto de Turner, Clorinda; "Las obreras del pensamiento en Sudamérica" en Boreales, porcelanas y miniaturas; Bs. As., Imp. Alsina, 1902.

  1. La Educación; año 13, 1898; pgs 57-9, 98-9 y 132-4.
  2. De Lucia, Daniel Omar; "Los Librepensadores Argentinos Radiografía de una corriente política" en Pensar la ciudad; Bs. As., IHMCBA, 1994.; pgs. 271-302.

7.La Filosofía Positiva; 16/7/1898 y 30/8/1898. El autor gradece a la Doctora Beatriz Bosch por permitirle fotocopiar la colección de La Filosofía... de su biblioteca particular

8. Ibídem; 30/5/1898

9. Idem.

10. Ibídem; 16/7/1898 y 30/8/1898.

11. Idem.

12. Ibídem; 15/2/1898.

13. Constancia; 19/10/1898.

14. El folletín "Electra" de Eva Angelina en La Filosofía Positiva; 28/4/1898 y 30/6/1898.

15. Praxedes Muñoz, Margarita; La Evolución de Paulina; Bs. As., La Elzeveriana, 1897.

16. La Filosofía Positiva; 15/2/1898.

17. La Vanguardia; 23/11/1895.

18. Idem.

19. De Lucia, Daniel O.; op. cit., pgs. 279-286. y De Lucía, Daniel O.; "El partido socialista y la enseñanza de la moral [1896-1936]" en Boletín del Fepai; N 20, 2 semestre de 1992.

20. La Filosofía positiva; 15/2/1898.

21. Primera reunión del congreso científico latinoamericano.[Bs. As. 10-20/4/1898]; SCA, Bs. As., Compañía Sudamericana de Billetes de Banco, 1900.; pag. 9.

22. Ibídem; pag. 8 [subrayado en el original]

23. La Escuela Positiva; 7/1897.

24. Un análisis de la posición de P. Scalabrini ante elproblema indígena en: Biagini, Hugo; Como fue la generación del Ochenta?; Bs, As, Plus Ultra, 1980; pgs. 90-93.

25. La Escuela Positiva; 7/1897.

26. La Filosofía Positiva; 16/7/1898 y 30/8/1898.

27. Idem.

28. Ibídem; 30/5/1898.

29. Ibídem; 25/3/1898.

30 De Lucia, Daniel O.; "Laicismo y cientificismo en una grancapital" en Simposio Buenos Aires. [1910]; [en prensa]

31. Praxedes Muñoz, Margarita; "Sobre las doctrinas de Augusto Comte. Respuesta al señor Mariano Jose Madueño"; Bs. As., La Elzeveriana, 1896; pgs., 10-11.

32. Praxedes Muñoz, Margarita; "Sobre las doctrinas de Augusto Comte. Segunda carta al señor Mariano José Madueño"; Bs. As., Imp. Elzeveriana, 1896; pgs. 6-15.

33. Praxedes Muñoz, Margarita; op. cit.; pgs. 6-7.[subrayadomio]

34. La Filosofía Positiva; 25/3/1898.

35. Idem.

36. Garcia Merou, Martin; El Brasil intelectual; Bs. As., Felix Lajouane, 1900; pgs. 84-85.

37. Ibidem; pgs. 88-89. [subrayado en el original]

38. Ibidem; pgs. 90-95.

39. Ibidem; pgs. 94-95.

40. Zea, Leopoldo; El Positivismo en Mexico. nacimiento, apogeo y decadencia; Mexico, FCE, "Las ideas positivistas y el

nuevo orden"; pgs. 300-309.

41. Garcia Merou, Martin; op. cit...; pgs 195-205.

42. Ibidem; pgs. 269-313.

43. Ibidem; pgs. 439-453.

44. La Union Civica fue un movimiento político argentino opositor al Regimen conservador de la Argentina finisecular. Fue fundado en 1889. Protagonizo levantamientos civicos-militares en 1890, 1893 y 1905.

45. Bassi, Angel C.; La Escuela experimental de Esquina; Mercedes, Imp. Mingot y Ortiz, 1896.; pag. 33.

46. La Escuela positiva; 11/1897.

47. Ibídem; 5/1896.

48. Ibídem; 8/1895. [subrayado en el original]

49. Ibídem; 6/1899.

50. Ibídem; 4/1899.

51. Ibídem; 1/1897.

52. Ibídem; 9/1896 y 4/1897

53. La Vanguardia; 24/10/1896

54. Escuela Positiva; 5/1896

55. Ibídem; 3/1895.

56. Ibídem; 11/1897.

57. La Vanguardia; 27/8/1897.

58. Ibídem; 1/11/1902.

59. Ferreira, J.A.; "Evolución y educación religiosa"; Bs. As., Imp. Tailhade y Roselli, 1903; pag. 3.[subrayado en el original]

60. De Lucia, Daniel Omar; "Buenos Aires, 1898. El momento iberoamericano en clave positivista" en Cuadernos Hispanoamericanos; N 577-578, julio-agosto 1998; pgs. 99-112.

61. Mayo, Carlos y Garcia Molina, Fernando; "El positivismo en la política argentina [1880-1906]" en Conflictos y progresos de la historia argentina contemporáneos; Bs. As., Ceal, 1988; pag. 9

62. Soler; Ricaurte; El positivismo argentino; Bs. As., Paidos, 1968; pgs. 246-251.

63. Biagini, Hugo; Filosofía americana e identidad; Bs. As., Eudeba, 1989; pgs. 105-111 y De lucia, Daniel Omar; "La Antorcha del Progreso por los caminos del sur. Los espacios positivistas en la Argentina y su proyección iberoamericana [1895-1900]" en Cuyo. Anuario de filosofia Argentina y Americana;Mendoza [Rep. Argentina]; Vol XIV, 1997; pgs. 77-113.

 

 

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