LOS
COMTIANOS ARGENTINOS Y SU ROL EN LA RED DE CIRCULOS POSITIVISTAS SUDAMERICANOS.[1895-1902]
Daniel
Omar De Lucia
Orden
y progreso.
El
positivismo fue la corriente de pensamiento que acompaño la acción
de los intelectuales de los gobiernos de las oligarquias iberoamericanas
en la segunda mitad del siglo XIX. El positivismo parecía ser
el instrumento idóneo para acompañar el proceso de incorporación
de los paises sudamericanos al concierto de las naciones avanzadas;
así como para la integración de las clases subalternas
en distintos procesos educativos, políticos e institucionales
sin provocar ninguna quiebra en el orden social.
Pero
los seguidores iberoamericanos de esta corriente también animaron
la vida de núcleos autónomos e incluso críticos
del orden conservador. En este trabajo analizaremos la labor de grupos
positivistas doctrinarios formados por argentinos y peruanos residentes
en la Argentina finisecular y su lectura de la realidad iberoamericana
como utopia del progreso. Nos proponemos analizar también las
relaciones entre los espacios positivistas en la Argentina y los Apostolados
positivistas de Brasil y Chile, indagando sobre los puntos de convergencia
y las lineas de fuga en sus análisis de la realidad política
del sub-continente.
Exiliados
peruanos en el Buenos Aires de fin de siglo.
La
República del plata recibió con entusiasmo y con amoral
paladín esforzado de la confraternidad humana en esta tierra
de tolerancia y de progreso hubo de encontrar reposo el ilustre proscripto¨[Praxedes
Muñoz; "Dos mártires del librepensamiento"]
En
1895 llegaron a Buenos Aires dos figuras qe impulsaron la cre ación
de un núcleo de positivistas doctrinarios. Ellos eran la medica
peruana Margarita Praxedes Muñoz, que había abandonado
años atrás su país escapando de la persecución
de los gobiernos ultramontanos y el francés Pedro Lacalde, que
había vivido en Río de Janeiro y frecuentado la Iglesia
positivista de río. Junto a la doctora Muñoz paso
por Buenos Aires otro librepensador peruano exiliado el ex-gobernador
de Iquitos y difusor de las ideas de Comte en el Perú, el Coronel
José María Madueño. Estas visitas renovaban la
tradición porteña de asilo a los proscriptos que huían
de los gobiernos autoritarios de los paises vecinos. Muñoz se
incorporo al medio masónico donde formo una logia femenina llamada
"8 de marzo de 1895", que constituyo una avanzada feminista en el movimiento
librepensador argentino.[1] En una conferencia de 1896 titulada "Dos
mártires del librepensamiento", Muñoz reseño el
derrotero de dos liberales chilenos [Francisco Bilbao y Eduardo de La
Barra] que huyendo de la reacción conservadora se habían
instalado en el Buenos Aires cismático de los años 50
y en la Buenos Aires de fin de siglo respectivamente.[2] Trabajo en
donde la común condición de exiliados de los homenajeados
y de la conferenciante se presta a un jugoso paralelo. En 1898 llego
a la Argentina Mercedes Cabello de Carbonera, propagandista de la emancipación
de la mujer y de la educación laica. Venia huyendo del califa
Piérola, caudillo populista de las masas limeñas, y fue
homenajeada por varias agrupaciones librepensadoras.La Revista Masónica
publico su carta sobre la "Educación de la mujer", que le valió
la expulsión del Perú.[3] También llego en esos
día otra liberal peruana, la novelista Clorin da Matto de Turner
que pronuncio en el Ateneo una conferencia sobre el trabajo intelectual
de las mujeres en Sudamérica.[4]
Praxedes
Muñoz y la utopia positivista
En
1898 Praxedes Muñoz comenzó a publicar La Filosofía
Positiva, revista de vida efímera y que hoy es inhallable
en las bibliotecas publicas argentinas. Esta publicación difundía
las ideas de Augusto Comte a través de la reproducción
de artículos de sus discípulos y fragmentos de las obras
del propio Comte. La Filosofía Positiva busco formar un
espacio intelectual y político, idea expuesta en el programa
positivista que propuso la Dra. Muñoz en una conferencia en el
centro socialista obrero: Separación de la iglesia y del estado.
Modificación del art.6 de la constitución nacional, aboliendo
la intervención de los Estados federales con fines políticos.
Transformación del ejercito permanente en guardia nacional activa.
Naturalización de los extranjeros. Limitación del voto
a los ciudadanos que, por lo menos saben leer y escribir. Repartición
equitativa de las tierras, según el proyecto de Rivadavia, de
1826. Inmigración espontanea.
Educación
popular. Supresión del presupuesto oficial universitario. Estudios
y enseñanzas libres. Establecimiento del librecambio. Abolición
de todo proteccionismo interno y externo. Viabilidad telegráfica
y férrea de la Pampa, Patagonia, Misiones, Chaco, y con las naciones
circunvencinas. Expropiación de toda propiedad industrial del
fisco. Fomento de la iniciativa individual en la industria,en el arte
y en la ciencia - o concentración del capital material,moral
e intelectual, en los capaces de explotarlo en bien de los demas.(5)
Esta
publicacion expresaba el optimismo de un grupo intelectual que esperaba
el fin del siglo como el adevenimiento de un milenio de paz y del reinado
de la etica y del altruismo para todos los hombres. El rostro de positivismo
que elegian Praxedes Muñoz y los demas colaboradores de la revista
era el de la fe en la regeneración de la humanidad por obra de
una elite del merito y la virtud. Consecuente con estos planteos La
Filosofia... se pronuncio contra el belicismo reinante en ese momento
[tensión entre Argentina y Chile] en un ensayo de acción
común del progresismo porteño [librepensadores, socialistas,
anarquistas] contra el creciente militarismo que pronto ensayaría
su faz represiva de cara a los conflictos sociales internos.[6] De la
misma manera La Filosofía... apoyo la iniciativa de grupos
anti-clericales para presentar un masivo petitorio dirigido a la convención
constituyente reunida ese año pidiendo la separación de
la iglesia y el estado.[7] La pequeña revista denuncio la exoneración
del Director de Escuelas de Tucumán, el positivista Maximio Victoria,
cuya acción progresista en emprendimientos comunes con los socialistas
tucumanos, despertó la iras del clero local.[8]
Una
faceta interesante de destacar de esta publicación es que en
sus paginas tenían cabida expresiones poco compatibles con la
ortodoxia comtiana como, por ejemplo, la revalorización parcial
de las corrientes espiritistas y teosóficas que gozaban de una
difusión considerable en el medio porteño finisecular.
El joven librepensador y futuro legislador socialista Alfredo palacios,
de conocidas inclinaciones teosóficas, colaboro con dos cuentos
ambientados en la antigüedad clásica, "Lentulo"[9] y "Shara"[10]
en donde se exponía la doctrina de la integración del
alma con el ser supremo. Otros artículos saludaban la aparición
de una nueva revista teosófica y recordaban el periodo comtiano
que la líder teosofa, Annie Besant, transito en su juventud.[11]
Una nota firmada por Eva Angelina reflexionaba sobre el rol que podía
cumplir el espiritualismo en la transición hacia una época
en donde las doctrinas materialistas guiarían la senda del pensamiento
humano. Sin embargo las escuelas espiritualistas se habían entregado
a practicas de difícil comprobación científica
[mediunidad, magnetologia] que la habían desacreditado ante los
escépticos. Su punto fuerte era su sustento ético y moral:
...
a mayor perfeccionamiento mayor sera la felicidad dequedisfrute [el
hombre] habitando regiones desconocidas.Nos remonta [el espiritualismo]
al espacio, nos hace levantar la vista de esta aterradora podredumbre
que nos rodea y nos hace divagar en esferas celestiales y purisimas
donde la imaginación cree encontrar la felicidad del alma.[12]
El
fondo común de estas particulares convergencias era la fe cientificista
y el tono éticista que animaba por igual a los discípulos
de Comte y a las corrientes espiritualistas; hecho que les permitió
convivir en común espacio de la sub-cultura librepensadora del
Buenos Aires de fin de siglo. Convivencia no exenta de ásperas
polémicas como podemos apreciar en las conferencias criticas
del positivismo que la revista espiritista Constancia publico
en esos años.[13] Ese pensamiento cientificista se manifestaba
en la vocación de los librepensadores por las campañas
destinadas a cambiar los hábitos de las personas a través
de la propaganda constante [anti-alcoholismo, anti-tabaquismo, vegetarianismo,
esperantismo, etc] Esta ingenua fe en la modificación masiva
y radical de las conductas cotidianas era compartida por los redactores
de La Filosofía... que publicaba por entregas "novelas
sociológicas" para difundir principios filosóficos y educativos
entre las masas.[14] Praxedes Muñoz era autora de la novela sociológica
La Evolución de Paulina, obra de su etapa peruana, reeditada
en 1898 en Buenos Aires.[15] Insertos en esta atmosfera optimista del
fin de siglo los discípulos porteños de Comte profesaban
una ingenua fe en un futuro del que se tenía la certeza que era
mejor que el presente:
...sabe
que el progreso es una ley ineludible de la especie humana y que, si
bien puede este retardarse unas veces y apresurarse otras, tales alternativas
bien pocos minutos marcan en el reloj del tiempo, recobrando al fin
su nivel como la superficie de las aguas tranquilas cuando desaparece
la tormenta.[16]
Positivismo
y socialismo
En
momentos en que los conflictos sindicales comenzaban a incorporarse
a la cotidianeidad porteña los redactores de La Filosofía...
no rehuían el dialogo o el debate con la corriente socialista.
A fines de 1895 el francés Lacalde envío una carta a la
La Vanguardia, órgano del todavía embrionario partido
socialista, en donde le adjudicaba a esta corriente una importante tarea
en momentos de la disolución del "régimen católico
feudal". Esta tarea era la incorporación del proletariado a la
vida moderna. Lacalde prometía enviarles impresos que recibía
de los apostolados positivistas de Río de Janeiro y Santiago
de Chile y señalaba las diferencias entre las dos escuelas:
Aunque
mis opiniones, esto es la opinión positivista seamuy diferente
de la del socialismo contemporáneo por lo que toca a las grandes
instituciones de la humanidad, familia, patria, propiedad, gobierno,
herencia, sacerdocio, religión, no por eso debemos los positivistas
dejar de aclarar las grandes cuestiones que se resumen con este titulo:
"La cuestión Social"[17]
El
órgano socialista comento la carta de Lacalde adjuntando una
breve biografía de Augusto Comte. Le atribuían al filosofo
francés una aguda intuición de la crisis de su época,
en base a la cual elaboro su esquema de los estadios de la evolución
del pensamiento humano [teológico-metafísico-positivo]
que desembocaría en una era en que la humanidad seria orientada
por la aplicación de criterios científicos. El comentario
socialista colocaba en el debe del pensamiento de Comte una tendencia
a analizar los problemas sociales desde una perspectiva intelectualista
que lo llevo a adoptar criterios reaccionarios frente a la lucha de
clases y la religión. En un comentario un tanto socarrón
La Vanguardia explicaba a través de un ejemplo tomado
del medio social porteño los tres estadios de Comte:
Entre
los obreros de Buenos Aires los discípulos del padre Grotte están
todavía en su periodo teológico, los radicales y los anarquistas
de buena fe están en el metafísico, y los socialistas
conscientes han llegado a la madurez del juicio del estadio positivo.[18]
La
Filosofía Positiva puso especial acento en la incorporación
de la mujer a la vida moderna y el trabajo social con la masa obrera,
a la que se quería alfabetizar y dotar de una cultura acorde
con los tiempos que corrían. Esta mirada "redentorista" sobre
los problemas sociales era hija de una concepción elitista del
socialismo adoptada por muchos grupos radicales de la pequeña
burguesía intelectual de Europa y América.[19] Este esquema
era completamente opuesto al adoptado por los partidos socialistas que
veían en la clase obrera el sujeto de las trasformaciones sociales.
Una carta enviada por el positivista francés Paul Ritti a la
doctora Muñoz exponía la teoría de la alianza entre
filósofos y proletarios y de la concentración del capital
en manos de los que podían utilizarlos em beneficio del conjunto
de la sociedad. Ritti decía que los positivistas debían
convencer a la Burguesía que el sistema de Comte era la única
valla contra el socialismo rojo.[20] Estos debates tenían mucho
interés para la inteligencia laicista de la Argentina del 90
donde la crisis de consenso del régimen permitía pensar
en un nuevo equilibrio político.
1898:
El momento iberoamericano en clave positivista
La
breve existencia de la revista La Filosofía Positiva coincidió
con un momento muy especial para Hispanoamérica. La guerra hispano-cubana
y la tensión bélica entre la Argentina y Chile ueron los
dos procesos que conmovieron la opinión publica porteña
en el crucial año de 1898. Otro evento de proyección latinoamericana
tuvo por sede a Buenos Aires ese año y contó con el aporte
de hombres provenientes del medio positivista. La Sociedad Científica
Argentina organizo el Congreso Científico latinoamericano
que se reunió en abril de 1898 en Buenos Aires. En el campo de
las ciencias sociales se aprobó una moción instando a
los gobiernos iberoamericanos a preservar el patrimonio arqueológico
y etnográfico de su apropiación por los centros de estudios
de los paises avanzados.[21] En el plano político se voto esta
declaración:
1.Los
pueblos americanos de origen español deben unirse,formando una
sola confederación, tanto por que este es el medio de evitar
los peligros de que están amenazados en un porvenir cercano,
cuanto porque la unión es un medio de evitar reyertas entre si
por la división del patrimonio.
2.
El título del congreso científico latino americano
debería ser científico iberoamericano[22]
Esta
orientación americanista estaba presente en la convocatoria a
las instituciones científicas nacionales y de las naciones hermanas.
La enviada al museo de la provincia de Corrientes fue reproducida en
el órgano de los positivistas de esa provincia, La Escuela
positiva, y expresaba los siguientes conceptos:
La
vecindad geográfica, el parentesco de sangre, la identidad de
idioma, la similitud de organización política, la analogía
de composición en la estructura del cuerpo social, la unidad
de cultura, la comunidad de intereses de aspiraciones y de ideales hacen
de las Repúblicas latinas de América un mundo aparte,
una familia distinta en la comunidad internacional; familia cuyos miembros
por motivos fáciles de explicar como dignos de ser lamentados,
han permanecido hasta el presente en un aislamiento intelectual casi
absoluto.[23]
El
director del Museo Corrientes y pionero en la difusión del ideario
de Comte en la Argentina, Pedro Scalabrini, presento a este Congreso
un trabajo sobre la población indígena oponiéndose
a las tendencias racistas predominantes en la antropología de
la época.[24] En su contestación a la invitación
de la SCA, Scalabrini recalco su interés por rescatar
a la población aborigen y mestiza tan maltratada por los observadores
científicos:
Mi
propósito es rehabilitarlos en su justa medida al establecer
la igualdad psíquica de la raza humana por medio de la palabra
que exterioriza los sentimientos, pensamientos y actos de su vida individual
y colectiva.[25]
La
guerra por la independencia de Cuba se vio reflejada en las paginas
de la revista de la doctora Muñoz en donde dio pie a una interesante
polémica entre el positivista chileno Juan Enrique Lagarrigue
y el joven socialista José Ingenieros. El escricritor chileno
analizo el conflicto entre España y Estados Unidos en un artículo
titulado "Las Cuestiones internacionales frente al positivismo", que
La Filosofía Positiva comenzó a reproducir en el
numero anterior a su desaparición. Este trabajo nos permite conocer
la opinión de los positivistas sobre el problema de la guerra
en la éra de la paz armada y la consolidación del orden
neocolonial. Según Lagarrigue España no comprendió
la "ley sociológica ineludible" que conducía a las colonias
a constituirse en naciones libres como consecuencia lógica de
su evolución. Respecto a Estados Unidos arrojaba sospechas de
que en su intervención en Cuba "no se ha movido por amor a la
humanidad". Alertaba sobre la posibilidad de anexión de Cuba
por los norteamericanos acto tan retrogrado como la negativa española
a conceder la independencia. Para Lagarrigue la guerra era un recurso
bárbaro que conspiraba contra la integración de la humanidad
que el progreso volvía inevitable.
En
lo concerniente a Latinoamérica el liberal chileno repudiaba
las intromisiones de las metrópolis -antiguas y nuevas- porqué
el grado de consolidación y evolución de estas naciones
les permitía aspirar a ser miembros de pleno derecho de la civilización
moderna. Esta visión evolucionista de la superación de
las situaciones coloniales sin rupturas violentas contempla algunas
novedades respecto a sus versiones mas pedestres. El chileno no suscribía
los severos juicios que otros correligionarios suyos dejaron caer sobre
España considerada como reducto del oscurantismo y madre de las
lacras que condenaron a sus ex-colonias al atraso. La derrota española
podía marcar el inicio de la renovación de esa sociedad:
Libre
España de sus colonias, en vez de perder, ganaría, puesto
que así podría consagrar de lleno su energía vital
á su regeneración interna, para convertirse en un gran
pueblo altruista y cooperar decididamente con el triunfo de la virtud
y la felicidad, sobre el planeta que habitamos.[26]
El
joven Ingenieros le respondió con un artículo sobre "Las
cuestiones internacionales ante el positivismo y el socialismo".
En
esta nota señalo que la actitud de España y de Estados
Unidos en la guerra, debe considerarse dentro de la evolución
interna de estos paises. Si España no comprendió la necesidad
de independizar a sus dominios se debió a su atraso estructural
como sociedad. El joven socialista proponía incorporar a este
análisis el materialismo histórico y colocar la guerra
en el debe del capitalismo que ya no ofrecía nada bueno a la
humanidad:
Noble
es, pues, combatir la guerra, porque es el más maligno de los
canceres de la sociedad; pero no basta. Es necesario también
constatar sin escrúpulos que la presente rganización social
es su única causa cuando se produce entre paises civilizados.[27]
Las
paginas de la Filosofía positiva fueron vehículo
de un intento de balance del medio político e intelectual sudamericano
de fines de siglo. En su calidad de exiliada la Dra. Muñoz se
ocupo en su revista de los problemas políticos peruanos. Es interesante
su reivindicación del Coronel Mariano José Madueño,
ex-gobernador de Iquitos depuesto por el gobierno de Piérola
por su resistencia al centralismo.[28] Desde su exilio español,
luego de una breve étapa argentina, Madueño envio una
carta a La Filosofía... en donde trazo un panorama del
medio republicano y liberal español.[29] Este político
peruano volvió a Buenos Aires en 1906, en calidad de delegado
de España a el Congreso Internacional del Librepensamiento
realizado ese año en la capital argentitina.[30] En un debate
epistolar entre Muñoz y Madueño, en 1895-1896, se puede
apreciar la mezcla de utopismo y elitismo presente en los grupos comtianos
doctrinarios. El ex-gobernador de Iquitos hacia una defensa del parlamentarismo
en América latina frente a las dictaduras personalistas. Muñoz
le contesto señalan do que los parlamentos en Iberoamérica
habían sido un arma de la reacción que los uso para agitar
a la masa ignorante y derrocar gobiernos progresistas. La doctora peruana
se pronunciaba a favor de la "dictadura vitalicia", expuesta por Comte
en sus escritos, como la forma de gobierno mas adecuada para Latinoamérica.
Pero esta defensa de un sistema de gobierno autoritario remite a las
aristas mas utópicas del positivismo doctrinario:
Tengamos
también en cuenta que este sistema solo podría tener feliz
éxito en una sociedad organizada según el régimen
positivista en que los ciudadanos recibiesen educación positiva
que desarrolla á la vez el corazón, la inteligencia y
el carácter; en que el dictador no tendría los medios
de transformarse en tirano pues que carecería del ejercito para
imponer su autoridad[...]Las funciones de la autoridad civil quedarían
sumamentereducidas en el régimen positivo. Tan solo se limitarían
a la administración de las rentas nacionales y a la conservación
del orden publico. Un verdadero inmenso poder surgiría entonces
y la soberanía popular no seria, como hoy, un irrisorio mito.[31]
Otras
lecturas positivistas latinoamericanas prescribían la necesidad
de gobiernos resguardados de las presiones populares, para modernizar
la sociedad. Pero mientras los intelectuales que formaban parte de los
equipos gubernamentales ubicaban la necesidad de régimenes cesaristas
en el presente como una etapa preparatoria de una futura democracia
plena; la Doctora Muñoz proyectaba esa necesidad hacia el futuro
en el marco de una sociedad organizada de acuerdo a los principios positivistas.
Esta defensa de los gobiernos fuertes y centralizados se oponía
por el vértice a la hecha, por ejemplo, por los positivistas
mexicanos admiradores de Porfirio Díaz; por el apostolado positivista
brasileño o por los defensores del "Unicato" en la Argentina.
En la América Latina finisecular el grado de doctrinarismo de
un grupo era inversamente proporcional a su relación orgánica
con el poder. En una segunda carta de la Doctora Muñoz al Cnel
Madueño; nuestra autora trazaba un panorama del Perú bajo
el gobierno de Piérola. Denunciaba la represión a la oposición
en las provincias amazónicas y los ataques de una turba clerical
contra la Universidad de Cuzco, bastión del laicismo peruano.
La medica limeña se pronuncia a favor del fortalecer las autonomías
provinciales para defender a los gobiernos progresistas locales de los
atropellos de las dictaduras apoyadas por las regiones mas atrasadas
de cada país.[32] En este folleto la discipula de Comte acuso
una cierta desviación de su pacifismo doctrinario en pasajes
en donde atribuía la derrota peruana en la guerra de 1879 a la
falta de patriotismo de la oligarquia peruana:
La
ambición personal ahogó la noción del deber. Si
los hombres de Montan hubieran tenido el altruismo de San Martin o de
Bolívar, el Perú habría reproducido la heroica
resistencia paraguaya, y el pacto de Ancón, esa humillante
bofetada del invasor, no enrojecería nuestras mejillas(33]
En
uno de los números de su revista Doña Margarita paso revista
a la acción de los núcleos positivistas de Sudamérica.
Luego de referirse al apostolado positivista de Río de Janeiro
y sus inspiradores Lemos y Texeire Mendez y de mencionar la labor de
los comtianos uruguayos; describe el grupo chileno que conoció
al comienzo de su exilio pasado en ese país. Los líderes
del positivismo chileno eran Juan Enrique Lagarrigue y sus hermanos
que en su casa particular instalaron un templo para dar conferencias
sobre la doctrina de Comte. Pertenecían al circulo los Dres.
Lattaste y Benavente y el diputado Guillermo Puelma Tupper:
Cada
día, un escogido auditorio, compuesto de médicos, servidores
de la nación y comerciantes acude á oir el evangelio del
futuro, saliendo siempre con nueva fe en el alma y más segura
esperanza en la regeneración humana:
Tales
son las reminiscencias que me han dado de la iglesia positivista chilena.[34]
Respecto
a la Argentina mencionaba la labor de Maximio Victoria en Tucumán,
quien durante su gestión a cargo de la educación provincial
formo un núcleo de discípulos de Comte entre el magisterio
y la de su discipulo Ramón Carrillo que estaba consolidando otro
núcleo entre los maestros santiagueños. Sin olvidarse
de los correligionarios de Parana en donde las enseñanzas de
Comte eran difundidas en la escuela normal, Muñoz comentaba la
obra de los positivistas de Corrientes donde desde la llegada de J.A.
Ferreira a la Dirección de Escuelas la política educativa
había sido confiada a pedagogos comtianos:
Muy
diferente de los positivistas chilenos que al adherirse á la
nueva iglesia renuncian al ejercicio de todos los derechos del ciudadano,
el propagandista argentino quiere que el positivismo se naturalice en
esta gran nación, y deplora que no haya en cada provincia argentina
un periódico para hacerlo conocer.[35]
El
Positivismo brasileño visto por un argentino
Esta
interés por analizar la acción de los núcleos positivistas
de los paises vecinos, incluyo también a intelectuales mas ligados
a la situación política dominante en la Argentina en la
ultima década del siglo XIX. Es el caso del diplomático
y jurisconsulto argentino Martín Garcia Merou y su libro El
Brasil intelectual [1900]. Esta obra nos brinda un panorama completo
de la vida intelectual del Brasil finisecular junto a un balance de
la vida política del primer decenio de vida republicana en ese
país. El libro de Garcia Merou tenía como objetivo encontrar
al-
gunas
respuestas a los problemas que acompañaban a la consolidación
de los estados criollos a fin de siglo. En este orden se inscribe la
mirada de los grupos positivistas brasileños en el proceso que
desemboco en la caída del imperio, la abolición de la
esclavitud y la entronización de una república autoritaria
en el país vecino.
Garcia
Merou consulto distintos autores brasileños que le atribuían
a la influencia de la Iglesia Positivista, dirigida por los filósofos
Lemos y Texeire Mendes un protagonismo muy fuerte en la revolución
que derrumbo al orden imperial y en la instalación de la República
con sus secuelas represivas hacia las tintas formas de disidencia. Garcia
Merou cita un folleto del autor
Eduardo
Prado en donde se atribuye a los comtianos un papel instigador en la
sangrienta represión al levantamiento de 1893:
"Ella
[la iglesia positivista] regulo el pabellón republicano, ella
de interpretaciones legales y religiosas á los actos de Gobierno,
en los editoriales del Diario Oficial. El clero numeroso y el pequeño
número de fieles de la nueva religión oficial dirigieron
un mensaje al dictador Deodoro de Fonseca, elogiaronle la violencia,
pidieronle que no tuviese miedo de ser déspota, sugiríeronle
que no hiciese caso de elecciones ni de representación nacional..."[36]
El
liberal argentino continúa citando a otros analistas brasileños
como Silvio Romero y A. Carvhalo que atribuyen al positivismo el mismo
papel nefasto. Comienzan reseñando la trayectoria de esta corriente
desde que se infiltro en las academias castrenses del imperio de la
mano del filosofo francés Benjamín Constant, mentor del
núcleo de militares jacobinos que derroco al imperio y entronizó
una republica autoritaria en la cual los positivistas se convirtieron
en una clerecía intolerante. Garcia Merou proponia pasar por
un filtro crítico esta versión de las relaciones entre
el comtismo brasileño y el poder republicano. Para el autor de
Brasil intelectual las posiciones excesivamente doctrinaristas
como la de los positivistas brasileños no son funcionales a las
necesidades de los equipos gubernamentales criollos. Por el mismo motivo
se muestra escéptico a creer que su influencia en el espiritu
de los gobernantes brasileños autorice a hacerles responsables
de los aspectos mas revulsivos de la vía política de ese
país:
"Ni
Lopez, ni Oribe leyeron seguramente a Comte, y cualquiera de ellos,
como nuestro famoso Cuitiño, puede mostrar en su activo algunas,
aunque no tantas de las hazañas sangrientas que hicieron celebre
al Coronel Moreira Cesar, una de las personificaciones más caracterizadas
del verdugo político, que puede enseñar las historias
de nuestras pobres naciones americanas. La propaganda positivista la
de los señores Lemos y Texeira Mendes en el Brasil, como a del
señor Lagarrigue en Chile, me pareció siempre inofensiva
y excesivamente lírica."[37]
Garcia
Merou cita una serie de iniciativas de los "Apóstoles" brasileños
que ponn en evidencia su excesivo doctrinarismo.[Sugerencias al congreso
de no definir a la nación como "perpetua e indivisible" ya que
la integración del mundo haría desaparecer los estados,
repudio a los homenajes y recordatorios de las guerras pasadas, etc]
Para el diplomático argentino la influencia del positivismo comtiano
en la formación del Brasil moderno se limitó a dotar de
una doctrina optimista y galvanizadora a la vanguardia que derroco al
viejo orden y que solo creyó en ella durante el anti-histórico
momento de euforia que acompaña a todas las revoluciones. Garcia
Merou se apoya en el análisis que el brasileño José
Verissimo hizo de la influencia positivista en un artículo de
la Revista Brasilera.[38] Por este camino García Merou
constata que el declinar de la figura de Comte era acompañado
de una creciente influencia del pensamiento spenceriano en en Brasil.
Según Jose Verissimo la doctrina de Spencer es mas flexible y
ofrece mas soluciones a los problemas de la sociedad civil y el estado
que la escuela de Comte:
"Elspencerista
ó evolucionista puede ser en política republicano o monárquico,
en religión por lo menos ateo y deísta, en arte, idealista,
realista, naturalista o simbolista, en ciencia quedar en Darwin o en
Haeckel; puede ser partidario o enemigo del divorcio, favorable ú
hostil al librecambio, al presidencialismo, al café, al alcohol,
a las comidas pimentadas. El positivista, no; el mismo dogma que le
determina una convicción científica, le da un criterio
moral y artístico y le reglamenta la familia, la mesa, la actividad
política, económica y hasta sexual."[39]
Esta
preocupación por una actitud mas mediatizada en la búsqueda
de esquemas para volcarlos a la elaboración de políticas
para las repúblicas criollas es compartida por Garcia Merou y
varios de los analistas brasileños que toma como fuente. Para
la oligarquía brasileña que se ha consolidado en su hegemonía
luego de los rimeros años violentos de la república el
evolucionismo spenceriano parecía ser un mejor instrumento que
la densa y utopica sintesis de Comte. Al igual que en el México
del porfiriato con su oligarquia "científica" la Republica
Vhela cambio a Comte por Spencer como guía en su senda en
pos del orden y el progreso.[40]
Garcia
Merou comenta la obra del spenceriano Assis Brasil sobre el sistema
institucional brasileño. Su libro Democracia Representativa
había sido traducido al castellano por Bartolome de Vedia y Mitre
y gozado de cierta difusión en el medio académico político
argentino. Assis Brasil diagnosticaba como el mejor sistema político
para su país un cuerpo de electores alfabetizados, una organización
federativa atemperado y un poder ejecutivo fuerte para galvanizar al
estado frente a todo tipo de presión que lo amenazare.[41] Los
últimos capítulos de Brasil intelectual estan dedicados
a reseñar la obra de un escritor mas crítico del proceso
republicano en el Brasil, como Nabuco Araujo. Garcia Merou comenta su
alegato contra la intervención extranjera en lospaises americanos
[intervención naval yanqui en apoyo del gobierno brasileño
en 1893] y su biografía del malogrado presidente chileno Balmaceda,
muerto durante la crisis que puso fin a la continuidad constitucional
de ese país.[42] El libro se cierra con una semblanza del presidente
Campos Salles y su lucha por fortalecer el régimen presidencialista
en el Brasil.[43]
El
interés de Garcia Merou por los problemas de la consolidación
del orden republicano en el Brasil esta dictado por la necesidad de
un balance del sistema político argentino. La Republica conservadora
venía siendo agitada por distintas impugnaciones en el plano
político y social desde la crísis del 90. La discusión
sobre los levantamientos cívicos y militares, la relación
con las potencias extranjeras y la estabilización de un sistema
político a resguardo de las presiones populares eran temas que
estaban en la agenda de los equipos gubernamentales argentinos en tiempos
de las revoluciones protagonizadas por la Unión Cívica,[44]
la explosión de la "cuestión social" y el replanteo de
las cuestiones continentales ante el expansionismo norteamericano.
Una
experiencia de "política positiva" en los esteros mesopotamicos.
Las
naciones científico-industriales se han puesto, pues, al frente
de la Humanidad, desplazando á las naciones de predominio sentimental[Ferreira,
J.A.; "Evolución y educación religiosa"] En la ciudad
de Corrientes un núcleo de educadores positivistas había
ocupado un espacio de poder en el seno del gobierno provincial. Desde
fines de la década del 70' el magisterio de la provincia, al
igual que el de la vecina Entre Ríos, venia tomando contacto
con las ideas de Comte y Spencer impartidas por los profesores de las
escuelas normales. En los años 80' por iniciativa de los vecinos
del lugar se creo la Escuela popular de Esquina que fue organizada
de acuerdo con los criterios educativos positivistas y que sirvió
de modelo a otros establecimientos de la provincia. Luego de la revolución
radical de 1893 los cívicos correntinos, de raigambre mitrista,
ocuparon el gobierno. El libro publicado por el director de la Escuela
popular de Esquina, historiando la labor de ese establecimiento
fecha a la revolución del 93 como la transición del "periodo
metafísico al periodo positivo" en la política local.[45]
El gobernador Virasoro confio la educación popular a los comteanos
correntinos. Ellos eran J.A. Ferreira [Director General de Escuelas],
Angel Bassi [Director de la Escuela experimental de Esquina], Pedro
Scalabrini, [Director del Museo de Corrientes] y Manuel Bermudez [Secretario
del consejo escolar provincial] que dirigió el órgano
de los positivistas locales: La Escuela Positiva. Esta revista
traía entre sus paginas numerosos artículos dedicados
a la flora, la fauna y la topografía correntina. Reproducía
proyectos de construcción de ferrocarriles de trocha angosta,
ensayos de colonias agrícolas, informes de inspectores escolares,
tablas y estadísticas sobre la inmigración y retrospectivas
sobre la historia provincial. Si los adelantos tecnológicos y
científicos garantizaban un futuro mejor los redactores de La
Escuela Positiva querían ensayarlos todos sobre el campo
de batalla provincial. Este ntento de modernización de algunas
ramas del estado en una provincia oligárquica y tradicional es
una muestra de como los proyectos de los intelectuales positivistas
podían articulaban bastante bien con un poder político
poco afecto a los cambios sociales.
Con
fuerte tendencia doctrinaria, este órgano oficioso de la política
educativa correntina, dedico un espacio considerable a la difusión
del ideario de Comte y de Spencer reproduciendo material inédito
o poco conocido de los popes positivistas y sus acólitos. Atestigua
el intercambio de ideas y materiales con los positivistas brasileños
la reproducción de una carta de Comte sobre las escuelas frobelianas
tomado del Boletín del apostolado positivista de Brasil
[46] y la inclusión de una nota de la Revista Pedagógica
de Río de Janeiro en donde se mencionaba a la educación
correntina como un modelo en el contexto argentino.[47] La Escuela...
no fue indiferente a los problemas fronterizos entre Argentina y Chile.
Un artículo de Ferreira titulado "La Paz Sudaméricana"
retomaba la linea positivista que denunciaba la guerra como anacrónica
e incompatible con la evolución de la sociedad moderna. En Ferreira
encontramos una visión marcadamente eurocentrista de la relación
entre naciones que absolvía a la vieja Europa de la política
de pax armada que imperaba en esos años:
Los
pueblos europeos que representan actualmente la civilización
occidental, se encuentran en el segundo estado evolutivo de la paz a
la guerra; se amparan de ésta para asegurar aquella: si vis
pascem, para bellum. Los ejércitos prontos á hacer
fuego garanten la paz, cada vez alterada con más largos intervalos.[48]
Los
redactores de la Escuela Positiva no rehuían el debate
con las corrientes radicalizadas que hacían su aparición
en el país. Dos artículos de José Ingenieros sobre
el conflicto con Chile ["Guerra y militarismo. Una Enquete"][49] y sobre
un esquema marxistizante de la evolución de las sociedades ["Los
sistemas de producción en la evolución de las sociedades
humanas. Génesis económica del socialismo"][50] atestiguan
una mano tendida a la siniestra. Otra nota reseña los
logros en materia de servicios y educación el municipio socialista
de la ciudad francesa de Lille.[51] En una serie de artículos
titulado "Educación y socialismo" Manuel Bermudez resaltaba la
necesidad de adaptar la educación al medio social y reconocía
que el limitacionismo clasista ocasionaba la mayoría de los fracasos
escolares impidiendo el progreso de los mas aptos llamados a ser la
elite de una nueva sociedad.[52] Como se ve la invocación a una
lectura socialista de los problemas de la educación se da la
mano con una concepción elitista del sujeto educativo. Estas
notas merecieron un comentario elogioso de La Vanguardia que
invito a Bermudez a reconocer que la abolición del capitalismo
era la única solución a los males que señalaba.[53]
Desde otro ángulo esta revista publico trabajos de positivistas
europeos críticos de las corrientes socialistas.Entre ellos un
comentario de G. Audrifent a una novela sociológica de Paul Ritti
en donde imaginaba una sociedad dominada por masas obreras, con un gobierno
violento y regresivo [54] y un artículo de P. Allex, "El positivismo
y el derecho", en donde se justificaba la dictadura de Napoleón
III como freno al socialismo y se describía a la Comuna como
el gobierno de la turba furiosa.[55]
Las
polémicas de los positivistas correntinos con los socialistas
traen a colación la revalorización de la religión
llevada a cabo por el positivismo. Si bien el grupo redactor de La
Escuela Positiva defendía el modelo laicista de la gestión
de la educación se separaba del resto del librepensamiento argentino
al no compartir el anti-clericalismo enrage, de las distintas
capillas librepensadoras del Buenos Aires finisecular. Ferreira que
en 1899 renuncio al cargo de inspector de escuelas a nivel nacional
en desacuerdo con la política del Ministro Mañagsco, a
la que juzgaba pro-clerical, era partidario de revalorizar el catolicismo
en sus aspectos éticos, como lo pedía Comte en sus obras
de madurez. En 1897 un artículo suyo reivindicaba elementos religiosos
para la formación moral.[hagiografías, moral religiosa
y laica, etc.][56] El líder socialista Juan B. Justo respondió
a Ferreira desde La Vanguardia propugnando la exclusión
total de la religión en la escuela, a la que veía como
un forma de inculculcar en los niños la solidaridad acrítica
con el orden social.(57] En 1902 Ferreira se ocupo de este tema en una
conferencia que pronuncio en la ciudad de Mercedes ["Evolución
y educación religiosa"]. Ferreira compartió el escenario
del teatro de la ciudad con el medico socialista Augusto Bunge que hablo
sobre las proyecciones sociales del alcoholismo. Ambos disertantes hablaron
ante un auditorio progresista característico de un centro normalista
y pueblo de inmigrantes como Mercedes.[58]
Ferreira
analizo la historia de las religiones y su incidencia en la historia
de la humanidad siguiendo el esquema expuesto por Comte en el Catecismo
Positivista. Creía que cada uno de los sistemas religiosos
habían cumplido un rol en su tiempo [fetiquismo, politeísmo,
monoteísmo]. El catolicismo marco una etapa importante de la
historia al humanizar el monoteísmo judío y crear una
doctrina de fuerte contenido moral y con aspiraciones universalistas.
Durante la revolución científica y política que
preparo el advenimiento del mundo moderno la iglesia tomo una actitud
hostil e intolerante hacia los cambios que se producían. La sociedad
moderna nació bajo el signo del espíritu anti-religioso
que marco la era del predominio "científico industrial". Según
Ferreira en el futuro se asistiría a una renacimiento de la fe
mediante el culto, no a un dios personal sino a la humanidad convertida
en nueva deidad, objeto de una veneración base de la moral del
futuro. La reconciliación de la ciencia y la fe, era buscada
por Ferreira como garantía de que los cambios sociales no se
realizaran sin el magisterio moral que aseguraba el orden contra el
caos. En una carta de felicitaciones Juan E. Lagarrigue comentaba esta
defensa de la religión:
Me
parece que con esta conferencia ha tratado ud. de hechar un puente sobre
un hondo abismo para facilitar la entrada en la Religión de
la Humanidad. Su apreciación del fetiquismo, que es uno de
los puntos más difíciles, la considero muy bien hecha
y al alcance de todo el mundo.Con no menos valentía que habilidad,
ha defendido también ud. históricamente al catolicismo.
En fin, su trabajo es,´á mi juicio, un testimonio evidente de
sus aptitudes para el apostolado de la santa causa.[59]
A
manera de balance
Los
exiliados peruanos veían en la Argentina finisecular la nación
del sub-continente que más había avanzado en la superación
de la herencia colonial. Los intelectuales de las repúblicas
andinas - autoritarias y clericales - miraban a la Argentina como el
santuario al que los cambios políticos de sus paises obligaba
a buscar. El circulo de la Filosofía Positiva se caracterizaba
por su papel autónomo, e incluso crítico, de la situación
política dominante. Su utopia positivista combinaba elementos
eurocentricos con un intento de reafirmar la identidad cultural iberoamericana.
En
épocas de consolidación de los estados nacionales las
oligarquias criollas aspiraban a crear un marco mas solido para las
relaciones entre las naciones semi-coloniales y las potencias imperialistas.
La tesis positivista sobre la integración y homogenización
creciente del mundo se daba de la mano con la aspiración de los
gobiernos criollos de solucionar pacíficamente los problemas
limítrofes y afirmar la soberanía sobre su espacio nacional.
Esta idea estaba presente en los foros científicos donde los
cuadros intelectuales de los estados iberoamericanos se pronunciaban
por la integración regional. Junto a este integracionismo de
los científicos-funcionarios, supeditado a las estrategias de
sus gobiernos, encontramos el pacifismo intransigente de los positivistas
doctrinarios opositores a la guerra en cualquier circunstancia.[60]
Mas
allá de su articulación con proyectos políticos
y espacios de poder bien concretos; el positivismo y su cuerpo doctrinal
presentaban proyecciones utópicas que se manifestaban en una
concepción elitista de los problemas sociales y en la transmutación
de la obra de Comte en una síntesis religiosa destinada a guiar
a la humanidad en una nueva era. Esta utopia positivista se insertaba,
con un perfil propio, en la sub-cultura librepensadora Argentina del
900 con la que compartía algunas ideas centratrales: a] laicismo;
b] cientificismo; c] los intelectuales como sujeto político y
social. Esta corriente reformista partía aguas con el reformismo
de izquierda que veía el sujeto de los cambios sociales en la
clase obrera. En su versión positivista, al igual que la de otros
grupos librepensadores, no se temía la comparaparación
por analogía de su doctrina con el socialismo. Un socialismo
que planteaba la redención de la humanidad por obra de la ciencia
y sus agentes. El grupo de La Filosofía Positiva ponía
el acento en un cambio ético unido a la acción de la ciencia.
La revista correntina creía en la acción de la educación
y la ciencia de donde nacería una nueva moral. El conjunto de
los espacios positivistas analizados en este articulo compartían
ciertos rasgos elitistas en su mirada sobre el mundo de las clases subalternas
y en sus apreciaciones sobre el rol del pueblo como sujeto del proceso
político en el sub-continente.
Aplicados
a la elaboración de problemas políticos concretos los
esquemas positivistas constituían las lineas de dispersión
de las estrategias discursivas de distintos actores sociales de la realidad
iberoamericana. El grado de doctrinarismo o de pragmatismo con que eran
apropiados son la piedra de toque que nos permite situar correctamente
el significado político de estos discursos. La necesidad de los
gobiernos presidencialistas y centralizados en el futuro que señalaba
Margarita Praxedes Muñoz y la defensa del muy real y concreto
presidencialismo de la Republica Vhela que hacían los
informantes de Garcia Merou marcan la frontera entre el elitismo utopista
de los comtianos doctrinarios y el elitismo justificador de los régimenes
cesaristas de los intelectuales de los equipos de gobierno de las repúblicas
conservadoras.
Dentro
de la red de grupos anti-clericales de la Argentina finisecular,
los núcleos positivistas que estamos estudiando se caracterizaban
por defender el esquema laicista en la gestión educativa y cultural,
aunque no compartían el anti-clericalismo rabioso de otras capillas
librepensadoras. La revalorización de la religión por
parte de Comte jugo un papel en todo esto. Toda una serie de corrientes
que compartían la idea de la secularización de la sociedad
se retrajeron hacia fines de siglo frente a las consecuencias de los
postulados radicales del laicismo. En un mundo cada vez más conflictivo
la idea de que cierto magisterio ético debía ser ejercido
sobre las "clases peligrosas" gano terreno en una serie de grupos creyentes
en la idea del progreso indefinido. Una "moral laica" para llenar el
vacio dejado por la secularización de la sociedad y reintroducir
la dimensión religiosa en el pensamiento liberal. Si la construcción
religiosa de Comte resulto fuera de lugar en la era de las revoluciones
románticas; la generación que vio la Comuna y la consolidación
de una república burguesa sobre la derrota de los trabajadores;
revalorizo la reconciliación del espíritu positivo con
la fe. En la Argentina el uso de las formas religiosas como elemento
de control social había sido contemplada por los laicistas del
ochenta.[61] Estas ideas alcanzaron distinta dimensión en los
dos grupos que estudiamos. El dialogo con las doctrinas espiritualistas
que planteaba La Filosofía Positiva no era nuevo en el
medio librepensador criollo donde convivían espiritistas, teósofos,
y masones deístas. La reivindicación que hace Ferreira
del catolicismo si marca una ruptura y coloca al pedagogo correntino
convergiendo parcialmente con las tendencias que ganaban terreno en
la cima del poder oligárquico: el acercamiento iglesia/estado
funcional a un reforzamiento de la hegemonía ideológica
en una sociedad cada vez más conflictiva. Es tiempo de someter
a un examen crítico para su mejor evaluación la tesis
de Ricaurte Soler sobre el positivismo argentino y su ausencia de tendencias
orientadas a la reconciliación con la fe. Otra de las tesis de
Soler sigue viéndose confirmada a medida que se profundizan los
estudios: no todos los positivistas constituían una falange unificada
en la defensa del orden establecido.[62] Esperamos que este análisis
del poco conocido grupo de La Filosofía Positiva haya
aportado elementos al respecto.[63]
Notas
1.Revista
Masónica; 5/11/1896. Ver: De Lucia, Daniel Omar; "El movimiento
librepensador y la cuestión femenina.[1895-1920]" en Desmemoria;
N 16; octubre-diciembre de 1997; pgs. 105-120.
2.
Praxedes Muñoz, Margarita; Dos mártires del librepensato;
Bs. As., Imp. La Elzeveriana, 1896.
3.Revista
Masónica; 5/3/1898.
4.
Matto de Turner, Clorinda; "Las obreras del pensamiento en Sudamérica"
en Boreales, porcelanas y miniaturas; Bs. As., Imp. Alsina, 1902.
- La
Educación; año 13, 1898; pgs 57-9, 98-9 y 132-4.
- De
Lucia, Daniel Omar; "Los Librepensadores Argentinos Radiografía
de una corriente política" en Pensar la ciudad; Bs.
As., IHMCBA, 1994.; pgs. 271-302.
7.La
Filosofía Positiva; 16/7/1898 y 30/8/1898. El autor gradece
a la Doctora Beatriz Bosch por permitirle fotocopiar la colección
de La Filosofía... de su biblioteca particular
8.
Ibídem; 30/5/1898
9.
Idem.
10.
Ibídem; 16/7/1898 y 30/8/1898.
11.
Idem.
12.
Ibídem; 15/2/1898.
13.
Constancia; 19/10/1898.
14.
El folletín "Electra" de Eva Angelina en La Filosofía
Positiva; 28/4/1898 y 30/6/1898.
15.
Praxedes Muñoz, Margarita; La Evolución de Paulina;
Bs. As., La Elzeveriana, 1897.
16.
La Filosofía Positiva; 15/2/1898.
17.
La Vanguardia; 23/11/1895.
18.
Idem.
19.
De Lucia, Daniel O.; op. cit., pgs. 279-286. y De Lucía,
Daniel O.; "El partido socialista y la enseñanza de la moral
[1896-1936]" en Boletín del Fepai; N 20, 2 semestre de
1992.
20.
La Filosofía positiva; 15/2/1898.
21.
Primera reunión del congreso científico latinoamericano.[Bs.
As. 10-20/4/1898]; SCA, Bs. As., Compañía Sudamericana
de Billetes de Banco, 1900.; pag. 9.
22.
Ibídem; pag. 8 [subrayado en el original]
23.
La Escuela Positiva; 7/1897.
24.
Un análisis de la posición de P. Scalabrini ante elproblema
indígena en: Biagini, Hugo; Como fue la generación
del Ochenta?; Bs, As, Plus Ultra, 1980; pgs. 90-93.
25.
La Escuela Positiva; 7/1897.
26.
La Filosofía Positiva; 16/7/1898 y 30/8/1898.
27.
Idem.
28.
Ibídem; 30/5/1898.
29.
Ibídem; 25/3/1898.
30
De Lucia, Daniel O.; "Laicismo y cientificismo en una grancapital" en
Simposio Buenos Aires. [1910]; [en prensa]
31.
Praxedes Muñoz, Margarita; "Sobre las doctrinas de Augusto Comte.
Respuesta al señor Mariano Jose Madueño"; Bs. As., La
Elzeveriana, 1896; pgs., 10-11.
32.
Praxedes Muñoz, Margarita; "Sobre las doctrinas de Augusto Comte.
Segunda carta al señor Mariano José Madueño"; Bs.
As., Imp. Elzeveriana, 1896; pgs. 6-15.
33.
Praxedes Muñoz, Margarita; op. cit.; pgs. 6-7.[subrayadomio]
34.
La Filosofía Positiva; 25/3/1898.
35.
Idem.
36.
Garcia Merou, Martin; El Brasil intelectual; Bs. As., Felix Lajouane,
1900; pgs. 84-85.
37.
Ibidem; pgs. 88-89. [subrayado en el original]
38.
Ibidem; pgs. 90-95.
39.
Ibidem; pgs. 94-95.
40.
Zea, Leopoldo; El Positivismo en Mexico. nacimiento, apogeo y decadencia;
Mexico, FCE, "Las ideas positivistas y el
nuevo
orden"; pgs. 300-309.
41.
Garcia Merou, Martin; op. cit...; pgs 195-205.
42.
Ibidem; pgs. 269-313.
43.
Ibidem; pgs. 439-453.
44.
La Union Civica fue un movimiento político argentino opositor
al Regimen conservador de la Argentina finisecular. Fue fundado en 1889.
Protagonizo levantamientos civicos-militares en 1890, 1893 y 1905.
45.
Bassi, Angel C.; La Escuela experimental de Esquina; Mercedes,
Imp. Mingot y Ortiz, 1896.; pag. 33.
46.
La Escuela positiva; 11/1897.
47.
Ibídem; 5/1896.
48.
Ibídem; 8/1895. [subrayado en el original]
49.
Ibídem; 6/1899.
50.
Ibídem; 4/1899.
51.
Ibídem; 1/1897.
52.
Ibídem; 9/1896 y 4/1897
53.
La Vanguardia; 24/10/1896
54.
Escuela Positiva; 5/1896
55.
Ibídem; 3/1895.
56.
Ibídem; 11/1897.
57.
La Vanguardia; 27/8/1897.
58.
Ibídem; 1/11/1902.
59.
Ferreira, J.A.; "Evolución y educación religiosa"; Bs.
As., Imp. Tailhade y Roselli, 1903; pag. 3.[subrayado en el original]
60.
De Lucia, Daniel Omar; "Buenos Aires, 1898. El momento iberoamericano
en clave positivista" en Cuadernos Hispanoamericanos; N 577-578,
julio-agosto 1998; pgs. 99-112.
61.
Mayo, Carlos y Garcia Molina, Fernando; "El positivismo en la política
argentina [1880-1906]" en Conflictos y progresos de la historia argentina
contemporáneos; Bs. As., Ceal, 1988; pag. 9
62.
Soler; Ricaurte; El positivismo argentino; Bs. As., Paidos, 1968;
pgs. 246-251.
63.
Biagini, Hugo; Filosofía americana e identidad; Bs. As.,
Eudeba, 1989; pgs. 105-111 y De lucia, Daniel Omar; "La Antorcha del
Progreso por los caminos del sur. Los espacios positivistas en la Argentina
y su proyección iberoamericana [1895-1900]" en Cuyo. Anuario
de filosofia Argentina y Americana;Mendoza [Rep. Argentina]; Vol
XIV, 1997; pgs. 77-113.