CARTOGRAFIA
BASICA PARA REFLEXIONAR SOBRE
LA
IDENTIDAD EN AMERICA LATINA
José
Alberto de la Fuente A.
Introducción
Me
propongo abordar el tema de la identidad en América Latina, desde
un ejercicio vivencial y académico, para cartografiar aquellas
dimensiones y variables que nos permitan seguir avanzando en la reflexión
cultural.
El
tema sobre la identidad latinoamericana, emergente en las tres últimas
décadas, es un problema siempre susceptible de profundización
y nuevos replanteamientos. Intentar a priori una definición implica
un contexto que no puede prescindir del sujeto y del ciudadano que se
relaciona con la naturaleza, su trascendencia, la arquitectura, el urbanismo,
su espacio laboral y los "otros" en la sociedad.
Como
hipótesis de trabajo sugiero la siguiente: Salvaguardar la identidad
de un pueblo es velar por su humanidad, lo propiamente sapiencial del
hombre. Valorarse a sí mismo (como sujeto individual y colectivo),
experimentar las diferencias en la unidad que procura la historia, asistir
al trabajo como si fuera una fiesta de renovación de vínculos
y, a partir de ese espacio cotidiano, justificar nuestra presencia en
el mundo y no renunciar jamás a la recuperación del sentido
que se le otorga a lo que hacemos.
Es
curioso constatar que gran parte de las discusiones sobre identidad,
con matices de distinta índole, están generalmente más
centradas en el Ser que en el (que) Hacer en un tiempo y en un espacio
que no alcanzan a satisfacer la mera especulación existencial.
A modo de ilustración, podría afirmar: Dime qué
haces con y en tu vida cotidiana y te diré quién eres.
De las circunstancias de la acción, a mi modo de ver, podremos
explicar y comprender lo que somos en la realidad y en los lenguajes
que construimos para vivirla, lo que es muy distinto a suponer que de
acuerdo a cómo hablamos se hace la realidad y se elaboran conceptos
sobre ella. Es cierto que los seres humanos habitamos en el lenguaje,
pero este no proviene ni se origina exclusivamente en las palabras,
ellas son sólo el instrumento del emocionar que nos constituye
en relación con los demás en dominios distintos. Así,
nuestra "condición humana" adquiere un sentido en la manera de
relacionarnos unos con otros en el mundo en que vivimos. Esta forma
peculiar de presencia en el mundo de la cultura como una red cerrada
de conversaciones construye un lenguaje.
Aproximación
al tema
Cuesta
eludir la tentación de partir con un concepto omnicomprensivo
de identidad latinoamericana ¿Desde qué perspectivas asumirlo
si todos los puntos de vista son unidireccionales, relativos y hasta
falsos? Como lo señala el teólogo Antonio Bentué,
"los rasgos propios de una cultura derivan de las preguntas que la realidad
suscita a la conciencia humana en la búsqueda de la felicidad
propia" (1). Al final de cuentas, cada parecer será una cosmovisión
distinta según nos ubiquemos en el horizonte de la premodernidad,
de la modernidad o de la postmodernidad, pero siempre hay algo que cambia
en la permanencia, que no pierde lo fundamental, que a partir de la
contradicción nos somete a la realidad (lo que somos) y al deseo
(lo que aspiramos y queremos ser). Me inclino por asumir la discusión
del concepto de identidad para el mundo mestizo, al cual pertenezco,
como un sistema de relaciones dentro de lo cultural en los lenguajes
particulares que el emocionar conduce al encuentro con el otro más
allá de la razón y de la percepción.
Los
latinoamericanos estamos situados en una periodización que marca
a fuego la crisis de los paradigmas de interpretación y de praxis.
Pareciera que el decartesianismo poco resolvió las grandes interrogantes
antropológicas. Es claro que la postmodernidad es el fracaso
de las utopías englobantes de la modernidad. El cálculo
de la razón ya no satisface al desencanto y al intelecto que
hurga en la verdad sólo como ejercicio lúdico y consenso
de negociación con pérdida de ideas y valores. Se echa
de menos algo más que ciencia experimental y una ética
que logre zafarse del pragmatismo desenfrenado. Hay una especie de corrimiento,
de traslación, de los paradigmas hacia otras formulaciones que
no son capaces de negar la validez de las anteriores. Observemos la
siguiente comparación y tratemos de ver cómo la temática
cultural y política pone su acento en otros matices y preferencias
en las últimas décadas:
|
Preferencia
anterior se focaliza en:
|
Preferencia
actual se focaliza en:
|
- La
estructura
- El
pueblo
- La
revolución
- La
acción política y social militante
- La
búsqueda de las respuestas totalizantes
- La
crítica a la ideología
- La
crítica al imperialismo
- Los
análisis de los movimientos sociales
- Los
procesos de acumulación
|
En
la subjetividad El ciudadano y la gente El cambio sociocultural
La educación popular y cultural Las respuestas vinculadas
a la cultura local y cotidiana El análisis del mestizaje
y de la hibridación cultural La crítica a la cultura
de masas y a la industria cultural transnacionalizante Los análisis
de las discriminaciones étnicas y de género. La
crisis medioambiental (ecología)
|
¿Cuál
es la tensión subyacente producto del malestar en la cultura
latinoamericana? ¿No es una pregunta demasiado amplia, poco asible,
que habría que acotar a lo más representativo o específico
de esa tensión? De cualquier modo, pienso que hay una permante
preocupación por la pérdida del espacio, no sólo
en su aspecto económico o patrimonial pecuniario, sino como pérdida
de pertenencia a la tierra como lugar de trascendencia biológica
y moral. De nada sirve al hombre habitar en su cuerpo, en el lenguaje
y en sus discursos (sean poéticos o instrumentales como los jurídicos)
si su identidad no la experimenta como dueño de su destino y
de los bienes naturales y creados que justifican su vocación
laboral. Acotadas estas preguntas comienza a emerger un concepto de
identidad como reapropiación de lo que el capitalismo ha despojado,
en cualquiera de sus grados de sutileza o salvajismo, con su racionalismo
mercantil, desgarrando al sujeto latinoamericano (en cuanto persona),
de lo sagrado y lo profano en las interrogantes de "por qué"
y "para qué" hacemos lo que hacemos. Esta patología generada
por incongruencias, asimetrías y hegemoneizaciones, posterga
angustiosa y esquizofrénicamente la vivencia de vivir en plenitud
la alteridad.
Es
cierto que la contradicción es el núcleo de una cultura
que señala la complejidad del análisis sobre la identidad,
pero esa contradicción por muy "ondulante y diverso que sea el
hombre", no puede ser un obstáculo irresoluble para avanzar saltándose
los enigmas mal aclarados, obsesiones ontológicas y desdichas
acumuladas en la memoria. A pesar de los conflictos no resueltos en
la identidad latinoamericana, muchos de ellos virtuales o artificiales
inventados por la publicidad, el autocalificado "mundo desarrollado",
quiéralo o no, se ha visto enriquecido con el acervo cultural
del "mundo subdesarrollado" asimilado al modo de operar de la periferia.
DESCRIPCION
DE LA CARTOGRAFIA ACUMULADA
- Lengua,
código y lenguaje
La
elección de los recursos verbales, la acuñación
de nomenclaturas; la adscripción del investigador a determinadas
autorreferencias, exigencias e intereses; el modo de actuar en el cotidiano
que corresponde y circunscribe un vivir, etcétera, no son opciones
ingenuas y tampoco absolutamente libres. Desde la lingüística
del discurso se verifican cargas y (des)aciertos epistemológicos
y sociológicos que encauzan las visiones de mundo en uno u otro
sentido. El plano de la expresión no siempre va de la mano del
plano de la significación; algo similar sucede con la denotación,
connotación y metáforas, recursos que utilizan algunos
académicos cuando los métodos cuantitativos no satisfacen
ni los convencen las huidizas evidencias de sus explicaciones.
¿Cómo
sistematizar la identidad como problema para no quedar entrampado en
la semántica del discurso? ¿Es solamente una cuestión
de ajuste metodológico o rebasa las fronteras "del restar información"
para precisar un asunto agotando los datos y variables del fenómeno?
En
la propuesta "Escenificaciones de la identidad latinoamericana" (J.
j. Brunner, 1992: 191-212), según la lectura que hace el prologuista
del texto completo en el cual está inserto este trabajo, la identidad
aparece como utopía que equivale a una fuga de lo moderno-real
a una evasión. Desde la sociología se ve al individuo
como actor constreñido al contrato social. Es deseable que los
individuos se vuelvan significativos a través de la cultura,
pero no se pueden negar las consecuencias que tiene la intervención
del hombre en otros estadios de la vida social y productiva.
Para
Brunner, la identidad latinoamericana (mayor) y la identidad nacional
(menor) sólo existen en las formas cómo hablamos de ellas.
La identidad, a través de esta observación, se reduce
a un objeto; por otra parte, las identidades colectivas, según
esta opción ontológica y lingüística, pertenecen
a esa clase de objetivos que son creados por la manera de cómo
se articulan semánticamente. Según esto ¿Todo lo que existe
es una invención en la palabra? En efecto, todo dependería
de cómo escenifiquemos la actividad intelectual en el discurso.
Así planteando el asunto ¿El teatro sería la actividad
estética virtual que mejor respondería a la búsqueda
de identidad? Luego se proponen cuatro escenificaciones o maneras de
hablar de la identidad: como origen, evolución, crisis y proyecto.
La identidad latinoamericana se habría hallado en los libros
(estética), se habría verificado en una sociogénesis
cultural como un drama en el tiempo levantado sobre negaciones, contradicciones,
desgarramientos y amputaciones, se habría explicado como un drama
de poder en la sociedad producto de la dependencia y, en términos
prepositivos, no sería más que una utopía, frontera
u horizonte.
Siguiendo
esta lógica, pareciera ser que la raigambre indígena y
el mestizaje se circunscriben, sin discusión alguna y como dogmas,
casi exclusivamente al juicio de Leopoldo Zea en su obra "El pensamiento
latinoamericano", en la cual la sociedad latinoamericana parece estar
formada por capas superpuestas sin posibilidad de asimilación,
de ahí provendría su permanente inmadurez, enmascaramiento
y falseamiento producto de una historia atrabiliaria.
En
mi parecer, es un sesgo demasiado burdo reducir las multifaces de la
identidad, por ejemplo, a la modernidad. Pienso que cualquier temporalidad
nos remite a un origen primordial y a una crítica de lo que somos
cuando no se han resuelto los conflictos del presente para poseer satisfactoriamente
aquello que debería resultar de las "búsqueda de sentido".
Lo que se hace sin un interés material e inmediato por controlar,
dividir o conquistar el poder, es lo único que reivindica la
imagen de sí mismo en la puesta en común que salvaguarda
una permanencia por sobre la ausencia; es decir, aproximación
a la realización personal sin negar la precariedad en el proceso
de identidad.
Una
correcta interpretación de la literatura hispanoamericana como
lenguaje fundacional y expresión de la realidad y sus fantasmagorías,
sólo puede ser esbozada desde el ángulo histórico-social
¿De dónde surge "el hablar" estéticamente circunscrito
a la "búsqueda de sentido"? La respuesta está en la siguiente
cita: "Del coloniaje, en la hibridación de modelos culturales
y étnicos, sometida a prolongadas tensiones, cuyos efectos siguen
manifestándose en algunos de sus rasgos más característicos"
(2). La identidad latinoamericana marca un hito crucial a partir de
Alejo Carpentier como fenómeno de oposición a la tradición
hispánica; la novela "El reino de este mundo" rebasa el ámbito
entre otras, de la novedosa discursividad y capacidad de inversión
sobre la realidad. Como lo defiende Eduardo Galeano, "magia es el nombre
que le podemos poner a una cantidad de cosas que la razón no
es capaz todavía de explicar, pero que están ahí"
(3) ¿Qué más argumento que refundar esta afirmación
con la novela "Yo, el Supremo" de Roa Bastos?
- Identitas
y Cultura
Pareciera
ser que no siempre se circunscribe, con el mismo énfasis, la
reflexión de la identidad a la cultura en sus dos significados
más recurrentes: como formación del hombre, mejoramiento
y perfeccionamiento humanizable y como producto de la formación
de la idea de conjunto de modos de vivir cultivados y civilizados transmitidos
de una generación a otra.
La
identidad como problema es inseparable de alguna categoría de
cultura que se adopte según sean las circunstancias que influyen
en los sujetos en calidad de personas y cómo la voluntad interviene
e impacta recíprocamente en esas circunstancias. La dinámica
del vivir configura modos de ser que permiten caracterizar la identidad
a partir de distintas experiencias.
Comparto
la idea de que una cultura es una forma particular de convivencia; una
red de conversaciones que tienden a su conservación e intercambio
y a consolidarse en su tradición. Toda cultura que pretende cambiar
determinadas costumbres sin atender a su tradición, está
condenada a desaparecer y a mutilar su identidad. Tengo la impresión
de que el proceso globalitario, al influir sin destingos a través
del mercado y de los medios de comunicación como agentes (des)educativos,
va provocando una gran crisis espiritual con la evidencia de borrar
lo que existe para dar paso a otro tipo de sociedad y sujeto que ya
han anticipado algunas profecías.
Luis
Antezana ha hecho una contribución interesante a "la cuestión
de la identidad" (revista "Tablero", Nº 57, 1997: 33-51). Lo primero
que se constata es que hay una preocupación del conjunto de los
saberes y actores sociales. Hace quince años, Octavio Paz se
refería a la identidad como "Venganza histórica de los
particularismos o sublevación de las excepciones que resucitan
las tradiciones nacionales (…) El próximo tema de los años
venideros será negros, chicanos, mujeres, vascos, bretones, irlandeses,
ucranianos, checos, croatas, católicos mexicanos y polacos, budistas,
tibetanos, chiitas de Irán e Irak, judíos, palestinos
(y Antezana agrega) aymaras, mapuches, mayas, quechuas, homosexuales,
lesbianas, huincas, cambas-coyas, etc. (…) Todas ellas son realidades
irreductibles y que ninguna abstracción puede resolver. Vivimos
la rebelión de las excepciones ya no sufridas como anomalías,
sino asumidas como una verdad propia, como un destino" (4). Con cierta
similitud y de otro modo, A. Touraine postula la identidad como preocupación
de orden cultural y ético (defensa de lo colectivo y de lo personal).
Para
la diferencia identitaria, por otra parte, se postulan varias hipótesis
interpretativas. Por ejemplo, la deslegitimación del discurso
marxista que reduciría la identidades a dos: proletarios y capitalistas.
Heidegger a la ontología; Derriba a la desconstrucción.
También se ha establecido la que hace referencia en términos
clásicos a la modernidad en nociones como identidades modernas,
postmodernas, antimodernas, no modernas y evolucionistas; la hipótesis
de globalización en redes comunicacionales para conceptualizar,
desde lo neoliberal, lo propio y lo ajeno. Si nos remitimos al texto
"Cultura" (C. Parker, 1998: 95-115), desde la antropología la
identidad posee múltiples acentos y matices. La mención
va desde el cultivo de la tierra pasando por la educación, lo
moral y estético, lo civilizador, el colonialismo y la dominación
social, la subalternidad, el etnocentrismo, la acción comunitaria,
etcétera. Lo universal comienza a ser desplazado por una diversidad
muy amplía de culturas en constante interacción e influencias
recíprocas, sometidas o no a la dominación. Sumando y
restando estas hipótesis, tal vez sea conveniente no olvidarse
de la identidad en la interculturalidad y en la inculturación,
especialmente cuando se piensa desde el cristianismo.
- Contexto
histórico (base de cualquier perspectiva)
Explorar
en la identidad es revivir la memoria de los pueblos en su devenir histórico.
Sin este contexto, cualquier reflexión por acotar lo que se desea
conceptualizar sobre la especificidad de lo latinoamericano puede resultar
anómalo, incompleto o trunco. Como la señalado la UNESCO
"no hay raza que logre destacarse sobre otras. O que se conserve pura;
o que no tenga influencias sanguíneas de otras"(5). El mestizo
no solamente es una raza, es también y por sobre todo una cultura.
Razón tenía José Martí al afirmar que el
mestizo natural ha vencido al criollo artificial europeizado. Desde
el momento que se reconocen ensamblajes de experiencias históricas
distintas, de modo autónomo a su configuración y secuelas
por el encuentro inicial, permitir que emerja la identidad latinoamericana
implica oponerse a la estrategia de la ignorancia y del temor impuesto
desde el centro a la periferia como eufemismo de nuevo cuño para
justificar la lógica de la dependencia retorizada desde el "primer
mundo".
En
este ámbito se reiteran las cuestiones relativas a la historiografía.
El tipo de cultura que efectivamente poseían los indígenas
mesoamericanos y, por simple analogía, hasta los sudamericanos
altiplánicos y fueguinos, está claramente explicado, entre
otros y sólo por recordar uno, en el libro "El universo de Quetzalcóatl"
de Laurette Sejournné y prefacio de Mircea Eliade (F.C.E, 1962
- 1998). Desde el renacimiento, el capitalismo ha extendido sus dominios
y permeado todos los conceptos, atiborrando de significados antojadizos
realidades imposible de reducir a su ideología mercantil. Se
pueden leer juicios sobre el indígena absolutamente despectivos
en comparación a lo que José Vasconcelos llamaba "La raza
cósmica". Muchos intelectuales europeos se rebajan en su calidad
de tal a la luz de la crítica en retrospectiva, al revisar la
concatenación del fichero que incluye el capítulo "Razón
y reducción de la diferencia" del libro "Modernidad: razón
e identidad en América Latina" de Jorge Larraín (1996:
61-70). Resulta casi irrisorio y de escaso espesor ético la mentalización
de una mirada tan carente del más mínimo sentido común.
Enmascaramiento, ignorancia, discursividad enfermiza, raciocinio acomodaticio
y desprestigio de ese tipo de ciencias sociales, se aprecia en los "filósofos"
que antaño pensaban el mundo latinoamericano y a su pueblo desde
europa. La lista es abundante: J.B. Say, Malthaus, Jamas Mill, Hegel,
Gerbi; Marx y Engels en sus escritos anteriores a 1860; el empirismo
de Hume y Locke y el racismo; Charles O’Conor, quien durante la guerra
civil norteamericana argumentaba que la esclavitud del negro es justa,
sabia y benéfica. A los anteriores se agregan los que defendían
el racismo como Buffon y De Pauw, quienes hacían "descripciones
exageradas y extravagantes sobre la inferioridad congénita de
la naturaleza y la humanidad de América"(6).
Otra
variable muy importante para delimitar los influjos que contribuyen,
en una u otra orientación, al reconocimiento del mestizo como
sustrato de la identidad latinoamericana, en los últimos cincuenta
años, son los llamados actores no estatales y los procesos de
integración en el concierto de las relaciones internacionales.
Los medios de comunicación, generalmente vistos como simples
mediadores de la industria cultural y no como interventores de la historia,
desde los centros de sustentación, son maquinarias manipuladoras
que llegan al desenfreno de la impudicia. Sin duda impactan y resienten
gravemente la cosmovisión que una comunidad posea (en términos
familiares, grupales o nacionales) sobre lo que se siente, acontece
y busca reflejar la conciencia de identidad de cada uno. Mario Benedetti
se pregunta en "Maniobras y mecanismos de desinformación" (1988:
99-105) qué es la desinformación sino una desfiguración
de la historia, aunque se trate de la que se está haciendo en
este instante. El 80% de las noticias internacionales circulan por el
mundo a través de dos canales: La Associated Press y la United
Press International. Mientras las agencias del Tercer Mundo transmiten
apenas 50.000 palabras por día, dos agencias norteamericanas
emiten un promedio diario de 8.000.000. "O sea, las suficientes para
que el Tercer Mundo se entere de cómo vive, lucha y muere a través
de ese gigantesco y casi exclusivo entramado de difusión"(7).
La vertiente informativa que ingresa al continente, estructura los mensajes
con los siguientes objetivos: Informar lo contrario a lo acaecido (inexactitud);
informar sólo una parte de lo sucedido (omisión); suprimir
partes importantes de una cita (sugerir algo distinto); aislar una cita
en su contexto; distorsionar un hecho acaecido, manteniendo una parte
de la verdad; elaborar títulos tendenciosos para una noticia
verazmente escrita; uso tendencioso y descalificador del adjetivo y
las comillas; simular un estilo objetivo; borrar o empañar la
historia y editorializar con los títulos.
En
"Lihn, Zurita, Ictus, Radrigán, literatura chilena y experiencia
autoritaria" ( Cánovas, 1986), a partir de los escritores y el
período pinochetista analizado, la utopía se despeja de
la siguiente manera: la identidad se logra en sus contrarios. Ante el
abandono presente, se postula un idilio futuro. Ante el caos, una armonía
(poesía de Zurita). Los procesos de dependencia y especialmente
las dictaduras tratan del olvido obligatorio, su lenguaje es afásico
y necrofílico. Esta relación con los efectos de un poder
no deseado es lo que fractura la identidad. La retórica y la
cháchara cubren el espacio del diálogo y evitan la conciencia
crítica ¿Cómo vivir una identidad que está prohibida
por el fundamentalismo y la negociación de la participación?
Desde la literatura, Cánovas propone una lectura "sintomal",
la cual supone que un texto (nuestra vida, lenguaje, cultura) tiene
dos registros, uno consciente y otro inconsciente, uno manifiesto y
otro latente; desde ambos, el "yo" y el "ello" configuran sus vínculos.
Es un instrumento más para interrogar las reglas y prohibiciones
que definen una cultura.
- Variables
para un concepto de identidad
- desde
el código como instrumento referencial:
La
identidad es un sello diferenciador. Desde los instrumentos que el hombre
inventa para explicar el entorno y a sí mismo, es una metáfora
de asociaciones libres que pone énfasis en cómo se organiza
lo que se dice para entender lo que se es. Esto puede concentrarse a
través de la música, el baile, el canto popular, el cuento
oral, la fábula, etc. En cambio la escritura implica un código
más acotado conforme a reglas sintácticas diacrónicamente
preestablecidas. En este espacio, el concepto de identidad se conjuga
con la filosofía y la lógica: igualdad de una cosa con
ella misma y preposición en la cual los contenidos representativos
del sujeto y el predicado son idénticos. Por ejemplo, en Chile
se suele escuchar algo que ya está en el paisaje de la seudoidentidad:
"Los chilenos son los ingleses de sudamérica"; o se pone en la
misma coordenada de las ciudades de París y Londres, a la de
Talca. En estas expresiones se deja entrever el conflicto que establece
la dependencia y la relación discordante de centro y periferia
sin tomar en cuenta las tradiciones y costumbres. Más complicada
resulta la interpretación cuando se hace un paralelo entre los
elementos del Escudo Nacional: aparece al lado derecho un huemul y al
izquierdo un cóndor y debajo la frase "Por la razón o
la fuerza". Gabriela Mistral pensaba que la idiosincrasia chilena requería
más de razón y huemul que de cóndor y fuerza por
lo que ambas relaciones simbolizan y abren el dilema sobre los referentes
identitarios.
Lo
referencial adquiere una especificidad cualitativamente diferenciadora
desde la filosofía, por cuanto desde aquí se pueden inferir
tres definiciones:
a)
La que considera la identidad como unidad de sustancia (Aristóteles).
Las cosas son idénticas si son idénticas las definiciones
de sustancia.
- La
que considera la identidad como sustituibilidad (Leibniz). Idénticas
son las cosas que pueden sustituirse unas por otras.
c)
La que considera la identidad como convención (Waismann).
La identidad puede ser reconocida a través de cualquier
criterio convencional. Un determinado sistema lingüístico
determina su sentido; basta determinar los criterios a que se
hace referencia.
Simplificando,
Nicolás de Cusa decía que dos cosas no pueden ser absolutamente
iguales en el universo. Si fuera así, se pierde el sentido de
individuación y no hay distinción.
En
efecto, aquí no sólo hay un asunto de "diccionario", de
ontología del lenguaje o de código menor, sino un asunto
epistemológico que no alcanza a resolverse desde el aporte de
una metodología hipotético-deductivista ideando recursos
verificables sólo con teorías.
2)
Desde el lengua(je):
Reconociendo
las fronteras de la discusión anterior, también es posible
recoger la insinuación de la hipótesis de esta ponencia
y plantearse la identidad desde el (que) Hacer y no únicamente
restringirla al Ser, lo cual profundiza la categoría de sujeto
a un sustrato de vivencia y experiencia emocional, que es en cierta
medida el énfasis que le da Octavio Paz al proceso discursivo
en "El laberinto de la Soledad". El epígrafe seleccionado de
un texto de Antonio Machado sobre Abel Martín, un personaje apócrifo,
es elocuente: "Lo otro no existe: tal es la fe racional, la incurable
creencia de la razón humana. Identidad = realidad, como si, a
fin de cuentas, todo hubiera de ser, absoluta y necesariamente, uno
y lo mismo. Pero lo otro no se deja eliminar; subsiste, persiste; es
el hueso duro de roer en que la razón se deja los dientes. Abel
Martín, con fe poética, no menos humana que la fe racional,
creía en el otro, en La Esencial Heterogeneidad del ser, como
si dijéramos en la incurable otredad que padece lo uno".
Laín
Entralgo fue quien propuso el neologismo "otredad" como derivación
válida de "otro". La tendencia francesa acuña a la vez
el neologismo "alteridad", según Antonio Sidekum es su breve
ensayo y con el mismo nombre (1988: 20-30). Levinas rompe con la tradición
filosófica occidental y, al introducir la categoría de
"rostro de lo otro", asume una ética en la cual la experiencia
por la liberación del otro se encuentra en la injusticia. En
el fondo es una nueva imagen del ser humano.
En
función de la lectura valorativa de lo que estoy planteando,
vale la pena acercarse a la Biología del Conocimiento de Humberto
Maturana respecto al lenguaje desde su concepción de la "biología
del amor" para profundizar en los argumentos que puedan ayudar a validar
un concepto de identidad desde el (que)Hacer. A partir de este horizonte,
el sujeto se puede proyectar como persona, ciudadano, adolescente, hijo,
viejo, deportista, mecánico, hincha de club de fútbol,
turista, acomodador de autos, vagabundo, etc. Es decir, desde todos
los ángulos que sus dominios y niveles de relaciones concebidos
desde el emocionar le permiten en cada caso. Los seres humanos somos
sociales sólo en la dinámica de la aceptación mutua.
Por
eso lo existencial no se recupera y lo caracteriológico tiende
a perderse, si la relación con el otro no se da bajo la premisa
del respeto mutuo aceptando al otro como un legítimo otro en
la diferencia. La identidad, como el saber, debe ser coherente desde
la experiencia y sólo después reconocerse en los discursos.
Uno de los problemas centrales de la humanidad hoy en día es
saber qué es la realidad; esta respuesta determina cómo
vivimos y cómo aceptamos o rechazamos a los demás.
En
consecuencia, desde este correlato, estoy en condiciones de proponer
el siguiente concepto de identidad: Es la vivencia de lo íntimo,
individual, social, ético y estético consolidada a través
de la reflexión sobre la experiencia de un cotidiano específico
que es el afán por el cual cada ser humano asume el sufrimiento
y comparte la felicidad mientras vive. Por esto la identidad no puede
desligarse de los valores, deseos y aspiraciones por sentirse aceptado
y en sintonía con la naturaleza en el lenguaje de un continente
mestizo. El hombre es un animal ético. La ética tiene
que ver con las emociones, no en primer término con la racionalidad.
La identidad deja de ser estereotipo cuando se da la aceptación
mutua a través de la emoción-amor; en definitiva, esto
es lo que finalmente ocurre cuando se cavila entre el malestar y la
plenitud. La identidad que surge de la acción permite asumir
conductas desde dentro de sí mismo, no por imitación,
sino por convicción. La identidad que surge del trabajo como
fuente de creación y no como estigma, abre posibilidades de relación
y amplía la inteligencia y sensibilidad de los sujetos. La estandarización
de las conductas que impone el proceso globalitario impide el despliegue
de cualquier pueblo en condiciones similares al latinoamericano. El
reemplazo de la ética por la pragmática es lo que fractura
la identidad y produce extrañamiento, alineación y desgarramiento.
Cuando todo se transforma en espectáculo y el dios mercado justifica
la autonomía que le robó al sujeto, simplemente se esfuma
la diferencia en la amorfa imagen impuesta desde afuera. El espectáculo
es seductor.
Conclusión
La
cartografía básica que propongo para continuar con la
reflexión desde mi propia búsqueda sobre la identidad
latinoamericana, no agota sus referentes ni limita las posibilidades
documentales. Por el contrario, en la vastedad del tema está
mi limitación.
Pensar
la identidad es también pensarse a sí mismo e implica
simultáneamente sensibilizarse por los procesos en los cuales
se inserta la experiencia humana y académica desde cualquiera
de los sistemas y teorías culturales. Para ordenar el tratamiento
de la cuestión, pienso que es pertinente, entre otros muy válidos,
atender al concepto de cultura de Jean Ladriére ("El reto de
la racionalidad, la ciencia y la tecnología frenta a las culturas",
Sígueme, Unesco, 1978), el cual establece sistemas de representación,
normativos, de expresión y de acción. Conceptos y símbolos;
valores y normas; modalidades materiales y formales para descifrar la
realidad y mediaciones técnicas que permiten dominar el medio
social y las mediaciones propiamente sociales a través de las
cuales la colectividad se organiza para administrar su propio destino.
En efecto, esto es lo que se juega un pueblo en su cultura a través
de la identidad: su destino.
La
globalización y la dependencia pueden sofocar por un tiempo los
procesos identitarios, pero nada es impostergable para siempre. El neoliberalismo
puede engullir el producto del trabajo de los pueblos latinoamericanos,
pero ya no puede desconocer el espesor cultural del continente, a pesar
de los sofisticados sistemas de comunicación transnacionales.
Sin
querer decepcionar, termino pensando que es posible capturar este fenómeno
antropológico a través de las formas de vivir y padecer
por oposición y negación. Aunque jamás llegásemos
a conceptualizar qué es la identidad y cuáles son las
variables que mejor la configuran, ella se pierde al fracturarse la
corresponencia entre el discurso y la acción; entre la experiencia
y la explicación de la experiencia. Al romperse la armonía
entre el sujeto y la biósfera externa e interna, sólo
puede haber homo sapiens pero no identidad. Los animales en el paraíso
no la necesitan; en cambio los homo sapiens sapiens no pueden existir
sin ella.
Notas
- Bentué,
Antonio: La Iglesia y la cultura moderna, Revista "Teología
y Vida", vol. XXXV, (1994), pág. 171.
- Roa
Bastos, Augusto: Imágenes y perspectivas de la narrativa hispanoamericana
actual, (1965), en "Fuentes de la cultura hispanoamericana", Leopoldo
Zea. F.C.E., tomo III, 1993, págs. 103-124.
- Galeano,
Eduardo: América Latina se ignora. "El País" (Cali,
Colombia), edición dominical. Septiembre de 1985.
- Paz,
Octavio: Tiempos nublados, (Mutaciones). Seix Barral, Barcelona, 1996.
- Oddone,
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"Quinientos años de historia, sentido y proyección".
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