II CORREDOR DE IDÉIAS - II CORREDOR DE LAS IDEAS

INTEGRAÇÃO E GLOBALIZAÇÃO

 

 

CARTOGRAFIA BASICA PARA REFLEXIONAR SOBRE

LA IDENTIDAD EN AMERICA LATINA

José Alberto de la Fuente A.

 

Introducción

Me propongo abordar el tema de la identidad en América Latina, desde un ejercicio vivencial y académico, para cartografiar aquellas dimensiones y variables que nos permitan seguir avanzando en la reflexión cultural.

El tema sobre la identidad latinoamericana, emergente en las tres últimas décadas, es un problema siempre susceptible de profundización y nuevos replanteamientos. Intentar a priori una definición implica un contexto que no puede prescindir del sujeto y del ciudadano que se relaciona con la naturaleza, su trascendencia, la arquitectura, el urbanismo, su espacio laboral y los "otros" en la sociedad.

Como hipótesis de trabajo sugiero la siguiente: Salvaguardar la identidad de un pueblo es velar por su humanidad, lo propiamente sapiencial del hombre. Valorarse a sí mismo (como sujeto individual y colectivo), experimentar las diferencias en la unidad que procura la historia, asistir al trabajo como si fuera una fiesta de renovación de vínculos y, a partir de ese espacio cotidiano, justificar nuestra presencia en el mundo y no renunciar jamás a la recuperación del sentido que se le otorga a lo que hacemos.

Es curioso constatar que gran parte de las discusiones sobre identidad, con matices de distinta índole, están generalmente más centradas en el Ser que en el (que) Hacer en un tiempo y en un espacio que no alcanzan a satisfacer la mera especulación existencial. A modo de ilustración, podría afirmar: Dime qué haces con y en tu vida cotidiana y te diré quién eres. De las circunstancias de la acción, a mi modo de ver, podremos explicar y comprender lo que somos en la realidad y en los lenguajes que construimos para vivirla, lo que es muy distinto a suponer que de acuerdo a cómo hablamos se hace la realidad y se elaboran conceptos sobre ella. Es cierto que los seres humanos habitamos en el lenguaje, pero este no proviene ni se origina exclusivamente en las palabras, ellas son sólo el instrumento del emocionar que nos constituye en relación con los demás en dominios distintos. Así, nuestra "condición humana" adquiere un sentido en la manera de relacionarnos unos con otros en el mundo en que vivimos. Esta forma peculiar de presencia en el mundo de la cultura como una red cerrada de conversaciones construye un lenguaje.

Aproximación al tema

Cuesta eludir la tentación de partir con un concepto omnicomprensivo de identidad latinoamericana ¿Desde qué perspectivas asumirlo si todos los puntos de vista son unidireccionales, relativos y hasta falsos? Como lo señala el teólogo Antonio Bentué, "los rasgos propios de una cultura derivan de las preguntas que la realidad suscita a la conciencia humana en la búsqueda de la felicidad propia" (1). Al final de cuentas, cada parecer será una cosmovisión distinta según nos ubiquemos en el horizonte de la premodernidad, de la modernidad o de la postmodernidad, pero siempre hay algo que cambia en la permanencia, que no pierde lo fundamental, que a partir de la contradicción nos somete a la realidad (lo que somos) y al deseo (lo que aspiramos y queremos ser). Me inclino por asumir la discusión del concepto de identidad para el mundo mestizo, al cual pertenezco, como un sistema de relaciones dentro de lo cultural en los lenguajes particulares que el emocionar conduce al encuentro con el otro más allá de la razón y de la percepción.

Los latinoamericanos estamos situados en una periodización que marca a fuego la crisis de los paradigmas de interpretación y de praxis. Pareciera que el decartesianismo poco resolvió las grandes interrogantes antropológicas. Es claro que la postmodernidad es el fracaso de las utopías englobantes de la modernidad. El cálculo de la razón ya no satisface al desencanto y al intelecto que hurga en la verdad sólo como ejercicio lúdico y consenso de negociación con pérdida de ideas y valores. Se echa de menos algo más que ciencia experimental y una ética que logre zafarse del pragmatismo desenfrenado. Hay una especie de corrimiento, de traslación, de los paradigmas hacia otras formulaciones que no son capaces de negar la validez de las anteriores. Observemos la siguiente comparación y tratemos de ver cómo la temática cultural y política pone su acento en otros matices y preferencias en las últimas décadas:

Preferencia anterior se focaliza en:

Preferencia actual se focaliza en:

  • La estructura
  • El pueblo
  • La revolución
  • La acción política y social militante
  • La búsqueda de las respuestas totalizantes
  • La crítica a la ideología
  • La crítica al imperialismo
  • Los análisis de los movimientos sociales
  • Los procesos de acumulación

En la subjetividad El ciudadano y la gente El cambio sociocultural La educación popular y cultural Las respuestas vinculadas a la cultura local y cotidiana El análisis del mestizaje y de la hibridación cultural La crítica a la cultura de masas y a la industria cultural transnacionalizante Los análisis de las discriminaciones étnicas y de género. La crisis medioambiental (ecología)

 

¿Cuál es la tensión subyacente producto del malestar en la cultura latinoamericana? ¿No es una pregunta demasiado amplia, poco asible, que habría que acotar a lo más representativo o específico de esa tensión? De cualquier modo, pienso que hay una permante preocupación por la pérdida del espacio, no sólo en su aspecto económico o patrimonial pecuniario, sino como pérdida de pertenencia a la tierra como lugar de trascendencia biológica y moral. De nada sirve al hombre habitar en su cuerpo, en el lenguaje y en sus discursos (sean poéticos o instrumentales como los jurídicos) si su identidad no la experimenta como dueño de su destino y de los bienes naturales y creados que justifican su vocación laboral. Acotadas estas preguntas comienza a emerger un concepto de identidad como reapropiación de lo que el capitalismo ha despojado, en cualquiera de sus grados de sutileza o salvajismo, con su racionalismo mercantil, desgarrando al sujeto latinoamericano (en cuanto persona), de lo sagrado y lo profano en las interrogantes de "por qué" y "para qué" hacemos lo que hacemos. Esta patología generada por incongruencias, asimetrías y hegemoneizaciones, posterga angustiosa y esquizofrénicamente la vivencia de vivir en plenitud la alteridad.

Es cierto que la contradicción es el núcleo de una cultura que señala la complejidad del análisis sobre la identidad, pero esa contradicción por muy "ondulante y diverso que sea el hombre", no puede ser un obstáculo irresoluble para avanzar saltándose los enigmas mal aclarados, obsesiones ontológicas y desdichas acumuladas en la memoria. A pesar de los conflictos no resueltos en la identidad latinoamericana, muchos de ellos virtuales o artificiales inventados por la publicidad, el autocalificado "mundo desarrollado", quiéralo o no, se ha visto enriquecido con el acervo cultural del "mundo subdesarrollado" asimilado al modo de operar de la periferia.

DESCRIPCION DE LA CARTOGRAFIA ACUMULADA

  1. Lengua, código y lenguaje

La elección de los recursos verbales, la acuñación de nomenclaturas; la adscripción del investigador a determinadas autorreferencias, exigencias e intereses; el modo de actuar en el cotidiano que corresponde y circunscribe un vivir, etcétera, no son opciones ingenuas y tampoco absolutamente libres. Desde la lingüística del discurso se verifican cargas y (des)aciertos epistemológicos y sociológicos que encauzan las visiones de mundo en uno u otro sentido. El plano de la expresión no siempre va de la mano del plano de la significación; algo similar sucede con la denotación, connotación y metáforas, recursos que utilizan algunos académicos cuando los métodos cuantitativos no satisfacen ni los convencen las huidizas evidencias de sus explicaciones.

¿Cómo sistematizar la identidad como problema para no quedar entrampado en la semántica del discurso? ¿Es solamente una cuestión de ajuste metodológico o rebasa las fronteras "del restar información" para precisar un asunto agotando los datos y variables del fenómeno?

En la propuesta "Escenificaciones de la identidad latinoamericana" (J. j. Brunner, 1992: 191-212), según la lectura que hace el prologuista del texto completo en el cual está inserto este trabajo, la identidad aparece como utopía que equivale a una fuga de lo moderno-real a una evasión. Desde la sociología se ve al individuo como actor constreñido al contrato social. Es deseable que los individuos se vuelvan significativos a través de la cultura, pero no se pueden negar las consecuencias que tiene la intervención del hombre en otros estadios de la vida social y productiva.

Para Brunner, la identidad latinoamericana (mayor) y la identidad nacional (menor) sólo existen en las formas cómo hablamos de ellas. La identidad, a través de esta observación, se reduce a un objeto; por otra parte, las identidades colectivas, según esta opción ontológica y lingüística, pertenecen a esa clase de objetivos que son creados por la manera de cómo se articulan semánticamente. Según esto ¿Todo lo que existe es una invención en la palabra? En efecto, todo dependería de cómo escenifiquemos la actividad intelectual en el discurso. Así planteando el asunto ¿El teatro sería la actividad estética virtual que mejor respondería a la búsqueda de identidad? Luego se proponen cuatro escenificaciones o maneras de hablar de la identidad: como origen, evolución, crisis y proyecto. La identidad latinoamericana se habría hallado en los libros (estética), se habría verificado en una sociogénesis cultural como un drama en el tiempo levantado sobre negaciones, contradicciones, desgarramientos y amputaciones, se habría explicado como un drama de poder en la sociedad producto de la dependencia y, en términos prepositivos, no sería más que una utopía, frontera u horizonte.

Siguiendo esta lógica, pareciera ser que la raigambre indígena y el mestizaje se circunscriben, sin discusión alguna y como dogmas, casi exclusivamente al juicio de Leopoldo Zea en su obra "El pensamiento latinoamericano", en la cual la sociedad latinoamericana parece estar formada por capas superpuestas sin posibilidad de asimilación, de ahí provendría su permanente inmadurez, enmascaramiento y falseamiento producto de una historia atrabiliaria.

En mi parecer, es un sesgo demasiado burdo reducir las multifaces de la identidad, por ejemplo, a la modernidad. Pienso que cualquier temporalidad nos remite a un origen primordial y a una crítica de lo que somos cuando no se han resuelto los conflictos del presente para poseer satisfactoriamente aquello que debería resultar de las "búsqueda de sentido". Lo que se hace sin un interés material e inmediato por controlar, dividir o conquistar el poder, es lo único que reivindica la imagen de sí mismo en la puesta en común que salvaguarda una permanencia por sobre la ausencia; es decir, aproximación a la realización personal sin negar la precariedad en el proceso de identidad.

Una correcta interpretación de la literatura hispanoamericana como lenguaje fundacional y expresión de la realidad y sus fantasmagorías, sólo puede ser esbozada desde el ángulo histórico-social ¿De dónde surge "el hablar" estéticamente circunscrito a la "búsqueda de sentido"? La respuesta está en la siguiente cita: "Del coloniaje, en la hibridación de modelos culturales y étnicos, sometida a prolongadas tensiones, cuyos efectos siguen manifestándose en algunos de sus rasgos más característicos" (2). La identidad latinoamericana marca un hito crucial a partir de Alejo Carpentier como fenómeno de oposición a la tradición hispánica; la novela "El reino de este mundo" rebasa el ámbito entre otras, de la novedosa discursividad y capacidad de inversión sobre la realidad. Como lo defiende Eduardo Galeano, "magia es el nombre que le podemos poner a una cantidad de cosas que la razón no es capaz todavía de explicar, pero que están ahí" (3) ¿Qué más argumento que refundar esta afirmación con la novela "Yo, el Supremo" de Roa Bastos?

  1. Identitas y Cultura

Pareciera ser que no siempre se circunscribe, con el mismo énfasis, la reflexión de la identidad a la cultura en sus dos significados más recurrentes: como formación del hombre, mejoramiento y perfeccionamiento humanizable y como producto de la formación de la idea de conjunto de modos de vivir cultivados y civilizados transmitidos de una generación a otra.

La identidad como problema es inseparable de alguna categoría de cultura que se adopte según sean las circunstancias que influyen en los sujetos en calidad de personas y cómo la voluntad interviene e impacta recíprocamente en esas circunstancias. La dinámica del vivir configura modos de ser que permiten caracterizar la identidad a partir de distintas experiencias.

Comparto la idea de que una cultura es una forma particular de convivencia; una red de conversaciones que tienden a su conservación e intercambio y a consolidarse en su tradición. Toda cultura que pretende cambiar determinadas costumbres sin atender a su tradición, está condenada a desaparecer y a mutilar su identidad. Tengo la impresión de que el proceso globalitario, al influir sin destingos a través del mercado y de los medios de comunicación como agentes (des)educativos, va provocando una gran crisis espiritual con la evidencia de borrar lo que existe para dar paso a otro tipo de sociedad y sujeto que ya han anticipado algunas profecías.

Luis Antezana ha hecho una contribución interesante a "la cuestión de la identidad" (revista "Tablero", Nº 57, 1997: 33-51). Lo primero que se constata es que hay una preocupación del conjunto de los saberes y actores sociales. Hace quince años, Octavio Paz se refería a la identidad como "Venganza histórica de los particularismos o sublevación de las excepciones que resucitan las tradiciones nacionales (…) El próximo tema de los años venideros será negros, chicanos, mujeres, vascos, bretones, irlandeses, ucranianos, checos, croatas, católicos mexicanos y polacos, budistas, tibetanos, chiitas de Irán e Irak, judíos, palestinos (y Antezana agrega) aymaras, mapuches, mayas, quechuas, homosexuales, lesbianas, huincas, cambas-coyas, etc. (…) Todas ellas son realidades irreductibles y que ninguna abstracción puede resolver. Vivimos la rebelión de las excepciones ya no sufridas como anomalías, sino asumidas como una verdad propia, como un destino" (4). Con cierta similitud y de otro modo, A. Touraine postula la identidad como preocupación de orden cultural y ético (defensa de lo colectivo y de lo personal).

Para la diferencia identitaria, por otra parte, se postulan varias hipótesis interpretativas. Por ejemplo, la deslegitimación del discurso marxista que reduciría la identidades a dos: proletarios y capitalistas. Heidegger a la ontología; Derriba a la desconstrucción. También se ha establecido la que hace referencia en términos clásicos a la modernidad en nociones como identidades modernas, postmodernas, antimodernas, no modernas y evolucionistas; la hipótesis de globalización en redes comunicacionales para conceptualizar, desde lo neoliberal, lo propio y lo ajeno. Si nos remitimos al texto "Cultura" (C. Parker, 1998: 95-115), desde la antropología la identidad posee múltiples acentos y matices. La mención va desde el cultivo de la tierra pasando por la educación, lo moral y estético, lo civilizador, el colonialismo y la dominación social, la subalternidad, el etnocentrismo, la acción comunitaria, etcétera. Lo universal comienza a ser desplazado por una diversidad muy amplía de culturas en constante interacción e influencias recíprocas, sometidas o no a la dominación. Sumando y restando estas hipótesis, tal vez sea conveniente no olvidarse de la identidad en la interculturalidad y en la inculturación, especialmente cuando se piensa desde el cristianismo.

  1. Contexto histórico (base de cualquier perspectiva)

Explorar en la identidad es revivir la memoria de los pueblos en su devenir histórico. Sin este contexto, cualquier reflexión por acotar lo que se desea conceptualizar sobre la especificidad de lo latinoamericano puede resultar anómalo, incompleto o trunco. Como la señalado la UNESCO "no hay raza que logre destacarse sobre otras. O que se conserve pura; o que no tenga influencias sanguíneas de otras"(5). El mestizo no solamente es una raza, es también y por sobre todo una cultura. Razón tenía José Martí al afirmar que el mestizo natural ha vencido al criollo artificial europeizado. Desde el momento que se reconocen ensamblajes de experiencias históricas distintas, de modo autónomo a su configuración y secuelas por el encuentro inicial, permitir que emerja la identidad latinoamericana implica oponerse a la estrategia de la ignorancia y del temor impuesto desde el centro a la periferia como eufemismo de nuevo cuño para justificar la lógica de la dependencia retorizada desde el "primer mundo".

En este ámbito se reiteran las cuestiones relativas a la historiografía. El tipo de cultura que efectivamente poseían los indígenas mesoamericanos y, por simple analogía, hasta los sudamericanos altiplánicos y fueguinos, está claramente explicado, entre otros y sólo por recordar uno, en el libro "El universo de Quetzalcóatl" de Laurette Sejournné y prefacio de Mircea Eliade (F.C.E, 1962 - 1998). Desde el renacimiento, el capitalismo ha extendido sus dominios y permeado todos los conceptos, atiborrando de significados antojadizos realidades imposible de reducir a su ideología mercantil. Se pueden leer juicios sobre el indígena absolutamente despectivos en comparación a lo que José Vasconcelos llamaba "La raza cósmica". Muchos intelectuales europeos se rebajan en su calidad de tal a la luz de la crítica en retrospectiva, al revisar la concatenación del fichero que incluye el capítulo "Razón y reducción de la diferencia" del libro "Modernidad: razón e identidad en América Latina" de Jorge Larraín (1996: 61-70). Resulta casi irrisorio y de escaso espesor ético la mentalización de una mirada tan carente del más mínimo sentido común. Enmascaramiento, ignorancia, discursividad enfermiza, raciocinio acomodaticio y desprestigio de ese tipo de ciencias sociales, se aprecia en los "filósofos" que antaño pensaban el mundo latinoamericano y a su pueblo desde europa. La lista es abundante: J.B. Say, Malthaus, Jamas Mill, Hegel, Gerbi; Marx y Engels en sus escritos anteriores a 1860; el empirismo de Hume y Locke y el racismo; Charles O’Conor, quien durante la guerra civil norteamericana argumentaba que la esclavitud del negro es justa, sabia y benéfica. A los anteriores se agregan los que defendían el racismo como Buffon y De Pauw, quienes hacían "descripciones exageradas y extravagantes sobre la inferioridad congénita de la naturaleza y la humanidad de América"(6).

Otra variable muy importante para delimitar los influjos que contribuyen, en una u otra orientación, al reconocimiento del mestizo como sustrato de la identidad latinoamericana, en los últimos cincuenta años, son los llamados actores no estatales y los procesos de integración en el concierto de las relaciones internacionales. Los medios de comunicación, generalmente vistos como simples mediadores de la industria cultural y no como interventores de la historia, desde los centros de sustentación, son maquinarias manipuladoras que llegan al desenfreno de la impudicia. Sin duda impactan y resienten gravemente la cosmovisión que una comunidad posea (en términos familiares, grupales o nacionales) sobre lo que se siente, acontece y busca reflejar la conciencia de identidad de cada uno. Mario Benedetti se pregunta en "Maniobras y mecanismos de desinformación" (1988: 99-105) qué es la desinformación sino una desfiguración de la historia, aunque se trate de la que se está haciendo en este instante. El 80% de las noticias internacionales circulan por el mundo a través de dos canales: La Associated Press y la United Press International. Mientras las agencias del Tercer Mundo transmiten apenas 50.000 palabras por día, dos agencias norteamericanas emiten un promedio diario de 8.000.000. "O sea, las suficientes para que el Tercer Mundo se entere de cómo vive, lucha y muere a través de ese gigantesco y casi exclusivo entramado de difusión"(7). La vertiente informativa que ingresa al continente, estructura los mensajes con los siguientes objetivos: Informar lo contrario a lo acaecido (inexactitud); informar sólo una parte de lo sucedido (omisión); suprimir partes importantes de una cita (sugerir algo distinto); aislar una cita en su contexto; distorsionar un hecho acaecido, manteniendo una parte de la verdad; elaborar títulos tendenciosos para una noticia verazmente escrita; uso tendencioso y descalificador del adjetivo y las comillas; simular un estilo objetivo; borrar o empañar la historia y editorializar con los títulos.

En "Lihn, Zurita, Ictus, Radrigán, literatura chilena y experiencia autoritaria" ( Cánovas, 1986), a partir de los escritores y el período pinochetista analizado, la utopía se despeja de la siguiente manera: la identidad se logra en sus contrarios. Ante el abandono presente, se postula un idilio futuro. Ante el caos, una armonía (poesía de Zurita). Los procesos de dependencia y especialmente las dictaduras tratan del olvido obligatorio, su lenguaje es afásico y necrofílico. Esta relación con los efectos de un poder no deseado es lo que fractura la identidad. La retórica y la cháchara cubren el espacio del diálogo y evitan la conciencia crítica ¿Cómo vivir una identidad que está prohibida por el fundamentalismo y la negociación de la participación? Desde la literatura, Cánovas propone una lectura "sintomal", la cual supone que un texto (nuestra vida, lenguaje, cultura) tiene dos registros, uno consciente y otro inconsciente, uno manifiesto y otro latente; desde ambos, el "yo" y el "ello" configuran sus vínculos. Es un instrumento más para interrogar las reglas y prohibiciones que definen una cultura.

 

 

 

  1. Variables para un concepto de identidad
  1. desde el código como instrumento referencial:

La identidad es un sello diferenciador. Desde los instrumentos que el hombre inventa para explicar el entorno y a sí mismo, es una metáfora de asociaciones libres que pone énfasis en cómo se organiza lo que se dice para entender lo que se es. Esto puede concentrarse a través de la música, el baile, el canto popular, el cuento oral, la fábula, etc. En cambio la escritura implica un código más acotado conforme a reglas sintácticas diacrónicamente preestablecidas. En este espacio, el concepto de identidad se conjuga con la filosofía y la lógica: igualdad de una cosa con ella misma y preposición en la cual los contenidos representativos del sujeto y el predicado son idénticos. Por ejemplo, en Chile se suele escuchar algo que ya está en el paisaje de la seudoidentidad: "Los chilenos son los ingleses de sudamérica"; o se pone en la misma coordenada de las ciudades de París y Londres, a la de Talca. En estas expresiones se deja entrever el conflicto que establece la dependencia y la relación discordante de centro y periferia sin tomar en cuenta las tradiciones y costumbres. Más complicada resulta la interpretación cuando se hace un paralelo entre los elementos del Escudo Nacional: aparece al lado derecho un huemul y al izquierdo un cóndor y debajo la frase "Por la razón o la fuerza". Gabriela Mistral pensaba que la idiosincrasia chilena requería más de razón y huemul que de cóndor y fuerza por lo que ambas relaciones simbolizan y abren el dilema sobre los referentes identitarios.

Lo referencial adquiere una especificidad cualitativamente diferenciadora desde la filosofía, por cuanto desde aquí se pueden inferir tres definiciones:

a) La que considera la identidad como unidad de sustancia (Aristóteles). Las cosas son idénticas si son idénticas las definiciones de sustancia.

  1. La que considera la identidad como sustituibilidad (Leibniz). Idénticas son las cosas que pueden sustituirse unas por otras.

c) La que considera la identidad como convención (Waismann). La identidad puede ser reconocida a través de cualquier criterio convencional. Un determinado sistema lingüístico determina su sentido; basta determinar los criterios a que se hace referencia.

Simplificando, Nicolás de Cusa decía que dos cosas no pueden ser absolutamente iguales en el universo. Si fuera así, se pierde el sentido de individuación y no hay distinción.

En efecto, aquí no sólo hay un asunto de "diccionario", de ontología del lenguaje o de código menor, sino un asunto epistemológico que no alcanza a resolverse desde el aporte de una metodología hipotético-deductivista ideando recursos verificables sólo con teorías.

 

 

2) Desde el lengua(je):

Reconociendo las fronteras de la discusión anterior, también es posible recoger la insinuación de la hipótesis de esta ponencia y plantearse la identidad desde el (que) Hacer y no únicamente restringirla al Ser, lo cual profundiza la categoría de sujeto a un sustrato de vivencia y experiencia emocional, que es en cierta medida el énfasis que le da Octavio Paz al proceso discursivo en "El laberinto de la Soledad". El epígrafe seleccionado de un texto de Antonio Machado sobre Abel Martín, un personaje apócrifo, es elocuente: "Lo otro no existe: tal es la fe racional, la incurable creencia de la razón humana. Identidad = realidad, como si, a fin de cuentas, todo hubiera de ser, absoluta y necesariamente, uno y lo mismo. Pero lo otro no se deja eliminar; subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón se deja los dientes. Abel Martín, con fe poética, no menos humana que la fe racional, creía en el otro, en La Esencial Heterogeneidad del ser, como si dijéramos en la incurable otredad que padece lo uno".

Laín Entralgo fue quien propuso el neologismo "otredad" como derivación válida de "otro". La tendencia francesa acuña a la vez el neologismo "alteridad", según Antonio Sidekum es su breve ensayo y con el mismo nombre (1988: 20-30). Levinas rompe con la tradición filosófica occidental y, al introducir la categoría de "rostro de lo otro", asume una ética en la cual la experiencia por la liberación del otro se encuentra en la injusticia. En el fondo es una nueva imagen del ser humano.

En función de la lectura valorativa de lo que estoy planteando, vale la pena acercarse a la Biología del Conocimiento de Humberto Maturana respecto al lenguaje desde su concepción de la "biología del amor" para profundizar en los argumentos que puedan ayudar a validar un concepto de identidad desde el (que)Hacer. A partir de este horizonte, el sujeto se puede proyectar como persona, ciudadano, adolescente, hijo, viejo, deportista, mecánico, hincha de club de fútbol, turista, acomodador de autos, vagabundo, etc. Es decir, desde todos los ángulos que sus dominios y niveles de relaciones concebidos desde el emocionar le permiten en cada caso. Los seres humanos somos sociales sólo en la dinámica de la aceptación mutua.

Por eso lo existencial no se recupera y lo caracteriológico tiende a perderse, si la relación con el otro no se da bajo la premisa del respeto mutuo aceptando al otro como un legítimo otro en la diferencia. La identidad, como el saber, debe ser coherente desde la experiencia y sólo después reconocerse en los discursos. Uno de los problemas centrales de la humanidad hoy en día es saber qué es la realidad; esta respuesta determina cómo vivimos y cómo aceptamos o rechazamos a los demás.

En consecuencia, desde este correlato, estoy en condiciones de proponer el siguiente concepto de identidad: Es la vivencia de lo íntimo, individual, social, ético y estético consolidada a través de la reflexión sobre la experiencia de un cotidiano específico que es el afán por el cual cada ser humano asume el sufrimiento y comparte la felicidad mientras vive. Por esto la identidad no puede desligarse de los valores, deseos y aspiraciones por sentirse aceptado y en sintonía con la naturaleza en el lenguaje de un continente mestizo. El hombre es un animal ético. La ética tiene que ver con las emociones, no en primer término con la racionalidad. La identidad deja de ser estereotipo cuando se da la aceptación mutua a través de la emoción-amor; en definitiva, esto es lo que finalmente ocurre cuando se cavila entre el malestar y la plenitud. La identidad que surge de la acción permite asumir conductas desde dentro de sí mismo, no por imitación, sino por convicción. La identidad que surge del trabajo como fuente de creación y no como estigma, abre posibilidades de relación y amplía la inteligencia y sensibilidad de los sujetos. La estandarización de las conductas que impone el proceso globalitario impide el despliegue de cualquier pueblo en condiciones similares al latinoamericano. El reemplazo de la ética por la pragmática es lo que fractura la identidad y produce extrañamiento, alineación y desgarramiento. Cuando todo se transforma en espectáculo y el dios mercado justifica la autonomía que le robó al sujeto, simplemente se esfuma la diferencia en la amorfa imagen impuesta desde afuera. El espectáculo es seductor.

Conclusión

La cartografía básica que propongo para continuar con la reflexión desde mi propia búsqueda sobre la identidad latinoamericana, no agota sus referentes ni limita las posibilidades documentales. Por el contrario, en la vastedad del tema está mi limitación.

Pensar la identidad es también pensarse a sí mismo e implica simultáneamente sensibilizarse por los procesos en los cuales se inserta la experiencia humana y académica desde cualquiera de los sistemas y teorías culturales. Para ordenar el tratamiento de la cuestión, pienso que es pertinente, entre otros muy válidos, atender al concepto de cultura de Jean Ladriére ("El reto de la racionalidad, la ciencia y la tecnología frenta a las culturas", Sígueme, Unesco, 1978), el cual establece sistemas de representación, normativos, de expresión y de acción. Conceptos y símbolos; valores y normas; modalidades materiales y formales para descifrar la realidad y mediaciones técnicas que permiten dominar el medio social y las mediaciones propiamente sociales a través de las cuales la colectividad se organiza para administrar su propio destino. En efecto, esto es lo que se juega un pueblo en su cultura a través de la identidad: su destino.

La globalización y la dependencia pueden sofocar por un tiempo los procesos identitarios, pero nada es impostergable para siempre. El neoliberalismo puede engullir el producto del trabajo de los pueblos latinoamericanos, pero ya no puede desconocer el espesor cultural del continente, a pesar de los sofisticados sistemas de comunicación transnacionales.

Sin querer decepcionar, termino pensando que es posible capturar este fenómeno antropológico a través de las formas de vivir y padecer por oposición y negación. Aunque jamás llegásemos a conceptualizar qué es la identidad y cuáles son las variables que mejor la configuran, ella se pierde al fracturarse la corresponencia entre el discurso y la acción; entre la experiencia y la explicación de la experiencia. Al romperse la armonía entre el sujeto y la biósfera externa e interna, sólo puede haber homo sapiens pero no identidad. Los animales en el paraíso no la necesitan; en cambio los homo sapiens sapiens no pueden existir sin ella.

Notas

  1. Bentué, Antonio: La Iglesia y la cultura moderna, Revista "Teología y Vida", vol. XXXV, (1994), pág. 171.
  2. Roa Bastos, Augusto: Imágenes y perspectivas de la narrativa hispanoamericana actual, (1965), en "Fuentes de la cultura hispanoamericana", Leopoldo Zea. F.C.E., tomo III, 1993, págs. 103-124.
  3. Galeano, Eduardo: América Latina se ignora. "El País" (Cali, Colombia), edición dominical. Septiembre de 1985.
  4. Paz, Octavio: Tiempos nublados, (Mutaciones). Seix Barral, Barcelona, 1996.
  5. Oddone, Juan: Notas sobre el problema de la identidad latinoamericana, en "Quinientos años de historia, sentido y proyección". Leopoldo Zea, F.C.E., 1993. Pág. 160.
  6. Larraín, Jorge: Modernidad: razón e identidad en América Latina. Santiago, Andrés Bello, 1996. Pág. 77.
  7. Benedetti, Mario: Maniobras y mecanismos de desinformación, en "Políticas culturales y liberación en América Latina". Varios autores, Bs. As., editorial Dialéctica, 1988. Pág.99.

Bibliografía revisada

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